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Viña del Mar, una experiencia distinta

Por Alberto Alejos, en 23 de Abril de 2008

Viña del Mar es un lugar emblemático para pasar los veranos en América del Sur. Las personas suelen considerar que una visita a Viña del Mar en Chile les asegura diversión, espectáculo, música, baile, sol y playa. Uno puede imaginarse bailando todas las noches en las playas de Viña del Mar, pero hay otros placeres más sosegados.

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Las ofertas de viajes y los sueños que tenemos del viaje ideal no siempre suelen cumplirse. Recuerdo una vieja película de los años ochenta en la que el protagonista viajaba a California esperando encontrar mucha diversión en las playas. Durante la película el personaje central se duerme en el avión y sueña con una California de ensueño, con mujeres bellas y playas plenas de sol. Sin embargo, al despertar de su sueño y llegar a California encontró unas playas desiertas (no era temporada) y menos fiestas de las que esperaba. A pesar de ello su viaje fue ideal. Encontró el amor.

Muchas veces nos suele ocurrir lo mismo en nuestros viajes. Tal es el caso de mi amigo Javier. Mi amigo, un antiguo compañero de Universidad, decidió planificar unas espléndidas vacaciones en Viña del Mar. Su rutina diaria de oficinista en una importante compañía telefónica del país lo tenía agobiado. Su horario era inclemente. Debía trabajar de 7 am hasta las 9 pm. Además la presión diaria de la oficina lo tenía constantemente en estado de tensión. Por ello su sueño de unas semanas de diversión playera en uno de los balnearios más famosos de la costa del Pacífico.


Viña del Mar está ubicada 112 km de Santiago de Chile, capital del país de la estrella solitaria, pertenece a la provincia de Valparaíso en la V región de Chile. Su nombre se debe a que este balneario fue originalmente un viñedo de nombre “la viña del mar”. La creación del balneario se debe un emprendedor hombre de la clase alta chilena, José Francisco Vergara.

Desde la década de 1960, el balneario ganó fama de lugar de entretenimiento para las clases más acomodadas del país chileno. Esto fue el resultado de la popularización de las “vacaciones en zonas de playa al aire libre y con sol”. Rápidamente los grandes negociantes del turismo y los casinos construyeron sus casinos y hoteles que convirtieron al balneario en un lugar central de la diversión en América del Sur.

Con semejantes antecedentes, mi amigo Javier esperaba tener unas semanas de diversión y playa a un ritmo desenfrenado. Para ello ahorró al máximo durante unos 6 meses y aprovechó el dinero que se entregaba de las utilidades de la empresa para pedir sus vacaciones en febrero. Mes del muy famoso Festival de la canción de Viña del Mar.

La partida de mi amigo desde el aeropuerto Jorge Chávez en Lima fue con bastante ilusión. Él estaba seguro de encontrar diversión a raudales en el balneario de Viña. La sonrisa que se le dibujaba en el rostro al subir al avión era presagio de muchas aventuras por vivir.

yayita.jpgLos primeros días del viaje los pasó en Santiago con su variada oferta de diversión. Además Javier tenía mucho interés en conocer a las mujeres chilenas. Había leído que el guitarrista del grupo de rock setentero Kiss, Gene Simmons, había declarado que en los muchos viajes que había realizado por el mundo las mujeres chilenas eran de lejos las que mejores caderas tenían. Además en América del Sur es muy conocida la cintura y cadera de “Yayita”. Un tipo de mujer que representa la legendaria novia chilena de Condorito con unas impresionantes medidas de guitarra con cintura de avispa.

Las primeras llamadas de mi amigo desde Santiago corroboraban el mito rockero y el estereotipo de la historieta Condorito. Javier me comentaba entusiasmado “amigo es cierto. Aquí las mujeres tienen un cuerpo delicado e impresionante”. Luego de tan gracioso comentario empezamos una ligera discusión sobre las mujeres que tienen mejor cuerpo en América del Sur. En el imaginario cultural de nuestra región el título de las mujeres con cuerpo se lo llevan casi siempre las brasileras (como en el fútbol se lo lleva la selección de Brasil), pero las chilenas están cerca, muy cerca.

Lo más importante de las llamadas de mi amigo era su felicidad. Al parecer lo estaba pasando muy bien Santiago. Un buena recompensa para un sufrido oficinista que trabajaba más de 12 horas diarias en su trabajo.

El bar Hooters de Santiago fue el más frecuentado por mi amigo en su visita a la capital chilena. Pero era solo el verdadero preludio de la verdadera diversión que él esperaba encontrar en Viña del Mar.

Javier llegó en tren a Viña del Mar y lo primero que visitó fue la playa. Disfrutó cada centimetro de arena y mar. Por la tarde se lanzó a la visita de los casinos y se aseguró de asistir al increíble Festival de Viña. Las mujeres en ropa de baño que paseaban por las 13 playas del balneario lo tenían loco. Obviamente, se recorrió las 13 playas en sus desatadas vacaciones.

Pero lo que él imaginaba sería mucho baile y diversión cambió repentinamente cuando conoció a una chica de Valparaíso que solía asistir a la playa para mirar el atardecer y tomar algunas fotos del paisaje. Era una chica con una sensibilidad distinta que cultivaba la afición de la fotografía.

Recuerdo que el cambio de estado de ánimo en mi amigo lo noté en la primera llamada que me hizo luego de conocer a la chica de Valparaíso. Ya no escuché sus clásicos comentarios “maestro, aquí la diversión es total y las mujeres son bellísimas”. Por el contrario sus comentarios fueron más contenidos. “La playa es muy bella y me están mostrando unos lugares que tienen una belleza arquitectónica fantástica”

Las siguientes llamadas de mi amigo me relataron lo muy bien cuidados que estaban los parques y jardines del balneario conocido como “La ciudad jardín”. Javier me comentó del “Reloj de Flores”, conocido emblema de la ciudad que consiste en un reloj de flores plantada en uno de los parques de la ciudad. También se mostró entusiasmado por la belleza arquitectónica del Casino de Viña del Mar, un lugar clásico de diversión para los veraneantes. Al parecer, en ese momento, mi amigo había mudado de intereses. Los bailes desenfrenados y la diversión extrema habían dado paso a una reflexión y apreciación sobre la naturaleza y sus encantos.

Las últimas llamadas de mi amigo en su viaje a Viña del Mar me describían lo sensacional que era leer a Neruda, en su compañía de su amiga, al caer la tarde en Viña. Definitivamente el amor cambia nuestra manera de mirar el mundo.

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Cuando mi amigo regresó me contó apenado que no iba a poder volver a ver a su amiga de Valparaíso hasta el siguiente año. Lo que sí me aseguró que el siguiente año volvía a Viña del Mar. Afortunadamente para él existía el correo electrónico y podría seguir comunicándose con su amiga a pesar de la distancia.

Lo que me quedó claro de la experiencia de mi amigo es que no importan los planes que hagamos para nuestros viajes. Al final la vida siempre nos sorprende. Un viaje en busca de la diversión y el baile puede terminar en bellos atardeceres leyendo a Neruda… y eso es genial.

Fotos:

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