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Partimos de Barcelona cargados de energía

Un crucero de una semana nos lleva al encuentro del Vesubio

Una fotografía queda indeleble en nuestra memoria: La Bahía de Villefranche
Antonio Martínez
07:00h Martes, 29 de julio de 2008
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Cuando me reuní con un grupo de compañeros ocasionales de viaje, me recomendaron Pullmantur, una compañía con bastantes itinerarios por diversos lugares. Es parte normal del intercambio de experiencias entre viajeros y todos tomamos buena nota de los consejos de los colegas. Si disponemos de tiempo, lo mejor es tomar un crucero de una semana de duración y únicamente lo aconsejo por un tema básico de economía que sino sugeriría uno de un mes. Pero creo que en una semana se pueden conocer algunos lugares y un sin número de costumbres y tradiciones, además de conseguir cientos de fotos de altísima calidad. Hay cruceros que parten de Barcelona y es un excelente punto de partida ya que podemos acceder en avión rápidamente y aprovechar algunas horas y hasta días diría yo, para conocer un poco la ciudad antes de hacernos a la mar. Fiel a mi estilo, comprendo que debo empezar por el centro histórico que se encuentra ubicado en el distrito de Ciutat Vella. Aquí conozco la Plaza Cataluña y divertido asisto al revoloteo de las palomas a las cuales alimento sin reparos.

Imagen tomada de Wikipedia

Luego me dirijo a la Barcelonetta, dentro del mismo distrito. Aquí subo a la Torre de San Sebastián para echarle una mirada a las playas e irme mentalizando en el viaje que me llevará por tierras italianas y francesas. Finalmente me despido de Barcelona en el zoológico que se encuentra ubicado en el Parque de la Ciudadela y donde soy testigo de una de las colecciones más maravillosas de animales que he visto. A echar una siesta corta porque a las cinco de la tarde está saliendo el crucero rumbo a Villefranche. Esta ciudad francesa nos recibe a media mañana del día siguiente.



La vista de la Bahía es hermosa, tal como la imaginé durante mi siesta. No hay mejor manera de empezar la travesía. Mientras el crucero enfila hacia el puerto, podemos ver como el verde litoral se ensancha frente a nosotros y nos regala sus simpáticas casas de rojizos tejados al tiempo que otras embarcaciones atracadas nos hacen puente. Nos vamos acercando y otros detalles como el paseo y la avenida que recorre el litoral se nos hacen más claros. Orden de desembarcar por diez horas. Qué locura, esta playa es ideal para reposar.

Imagen tomada de Wikipedia

En horas de la noche tengo tiempo de visitar algunos monumentos del centro de la ciudad como La Iglesia de San Miguel o la Capilla de San Pedro pero me quedo con la bahía. Espectacular. Nunca me costó tanto despedirme de un lugar y parto hacia Livorno en tierras italianas. Es de noche y debemos llegar a la mañana siguiente. Livorno pertenece y también tiene vistas costeras buenas pero la imagen del día anterior se ha quedado fija en mi mente aunque en la noche la Nueva Venecia se roba un poco el protagonismo con una perfecta iluminación de la zona. Con esa imagen parto hacia Civitavecchia para llegar al día siguiente en horas matutinas también. Aquí destaca, además del puerto, la Catedral de San Francisco de Asís que data del siglo XVIII –su reconstrucción- y que presenta estilos neoclásico y barroco en perfecta armonía. También podemos visitar el Fuerte Miguel Ángel. El quinto día está reservado para la bella y pictórica Nápoles donde llegamos a las ocho en punto de la mañana y un olor muy particular proveniente de los hornos del puerto nos recibe. El apetito se destapa enseguida y sin pensarlo salimos en busca de cualquier panadería.

Imagen tomada de Wikipedia

Bizcochos de todo tipo asoman en los mostradores y literalmente nos empachamos. La mañana avanza y pronto algunas plazoletas son aderezadas con artistas de la calle que con bandoneón y acordeón en mano tocan piezas clásicas de la trova italiana mientras su pareja pasa el sombrero entre los asistentes. Realmente esta ciudad nos hace sentir como italianos y casi nos olvidamos de que solo estaremos allí hasta la mitad de la tarde, tiempo insuficiente para recorrer toda la ciudad y sus alrededores. Es temprano todavía y tenemos tiempo de recorrer los nueve kilómetros que nos separan del Monte Vesubio, donde se encuentra el famoso volcán del mismo nombre tan conocido en la historia antigua. El tiempo nos gana y apenas hay tiempo de visitar unos cuantos lugares más como el Castillo Maschio Angioino y el famoso Castillo del Huevo. También nos llama la atención la Vía Gregorio Armeno donde encontramos efigies de todo tamaño con motivo religioso y nos dicen que en temporada navideña es aún más variada la oferta. Las historias empiezan pero debemos cortarlas porque partimos rumbo a nuestro último destino en La Goulette antes de retronar a Barcelona.

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