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Ubicada en la Polinesia Francesa, esta isla se encuentra muy cerca de Tahití

Raiatea, donde el horizonte se confunde con el mar

Aquí podemos caminar, cabalgar, bucear, ir en camioneta e incluso volar en un singular aeroplano
Antonio Martínez
07:00h Lunes, 06 de octubre de 2008
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Hay matices de colores que la naturaleza ha reservado en exclusiva para ciertas coordenadas del mundo. Uno de estos tonos es el azul que encontramos en la polinesia francesa, cerca de Tahití, en Raiatea y las demás islas cercanas. Soberbia, entre todas, Raiatea y su hermana menor, Tahaa, dos bellas durmientes del bosque ubicadas en la misma laguna, se ofrecen hoy de manera profesional al turismo de lujo.

El sueño se hace realidad, si bien no para todos los bolsillos, al menos para aquellos que seguramente tienen los medios, pero también la ambición porque el azul de los mares del sur lo merece. En la isla hay empresas que se dedican a los turistas venidos del extranjero y que son aficionados a la vela y a las emociones mediante la renta de gigantescos y apacibles veleros. También hay ofertas para los que saben menos y arriesgan menos.

Isla de Raiatea en la Polinesia Francesa

Vista aerea de Raiatea tomada de Flickr por vidiot

A ellos se les ofrece un día de crucero alrededor de Raiatea o Tahaa, o mejor aún, en el seno mismo de la sublime laguna intercalando estas dos islas. No se trata de navegación de alta mar, pero el placer de un día en velero puede perfectamente conjugarse con el regreso en la noche al dulce hogar en tierra, una posibilidad que merece muy ampliamente explorarse, particularmente por todos los que temen las largas jornadas con riesgo de mareos.


El crucero de un día es el placer de la vela sin sus inconvenientes. Pero hay otras opciones incluso más osadas. Por ejemplo están los ultraligeros que tiene su base atada a un cable en el muelle de la marina. Se trata de un híbrido entre un hidroavión y una libélula que se balancea suavemente con el ancla. Despegar de un artefacto anclado es ya suficientemente original para provocar inquietud, reforzada aún más por la existencia de un pequeño golpeteo poco atractivo y de un viento bastante fuerte.

El ruido que se percibe poco antes de partir hace recordar a una amenazadora podadora de césped que en menos de 80 metros ya está en el aire sobre la laguna, no muy lejos del aeropuerto. A pesar del viento fuerte no se advierte la turbulencia durante la hora que suelen durar los viajes quizás porque nuestra mente y nuestros sentidos trabajan a mil por hora tratando de cuantificar y cualificar toda la magia de la que estamos siendo testigos y no por estar encima de un aeroplano anclado a tierra, sino por la excelsa belleza de la que estamos siendo testigos a cada segundo.

De hecho se hace muy difícil saber donde termina el mar y comienza el horizonte o viceversa ya que sus tonos se entremezclan formando un todo en la paleta del creador. Al mismo tiempo se ve la arena blanca como casi el único punto de referencia. Si agudizamos los sentidos quizá podamos ver un par de mantarrayas persiguiéndose entre sí o la vegetación que, partiendo de un tono verdoso, se acopla perfectamente a la gama azul que envuelve el paisaje. Esto no tiene precio.

Luego de un acuatizaje en unas pocas decenas de metros, es hora de rendir tributo a la tierra. Todo empieza en el asfalto de la carretera costera para, de pronto, desviarnos y adentrarnos en el verde de la selva. El volcán que ha dado nombre a Raiatea está extinto desde hace mucho tiempo, pero los paisajes interiores de la isla son de una belleza que corta la respiración.

Asombroso contraste ofrece el espectáculo de una isla tranquila vista desde la carretera que la rodea, mientras que la lava petrificada, si no tuviera la cubierta vegetal, podría parecer que apenas hace unos días fue arrojada por el volcán. El basalto se dejó esculpir por la naturaleza y estos paseos  a bordo de fuertes camionetas 4×4 merecen el recorrido. Los mineralogistas aquí se saldrán con la suya al igual que los amantes de la fauna y la flora.

Paisaje de Raiatea

Paisaje de Raiatea tomada de Flickr por elgalopino

En el recorrido llama la atención la bella Tiare Apetahi, una rara flor símbolo de esta isla y que no brota en ninguna otra parte. Para evitar la tentación de arrancar esta flor, es mejor volver al nivel del mar donde otra interesante actividad nos aguarda. Se trata de la visita al Remolino de Pulpo, un hoyo azul situado entre Raiatea y Tahaa, descubierto hace poco por un equipo de buzos.

La espeleología submarina siempre necesita un impresionante despliegue de material. En el universo cerrado de las grutas no es aceptable ninguna avería y es necesario prever todo, incluyendo lo imprevisible, así que los buzos que se sumergen lo hacen bien armados y equipados. La incursión será de corta duración pero con cerca de 60 metros de profudidad el Remolino de Pulpo sigue siendo la aventura submarina más extraordinaria que estas islas del Pacífico Sur pueden ofrecer al turista por poco que sea el nivel técnico requerido para ser testigo de una época en que la barrera de coral fue impulsada por arriba del nivel al menos 60 ó 70 metros.

Seguramente es la experiencia más intensa de una jornada en este paraíso. Nos anuncian que al siguiente día un nuevo método de avance nos espera y luego de caminar, bucear, viajar en camioneta, ir en vela e incluso en aeroplano anclado a tierra, no se nos ocurre qué otra sorpresa nos aguarda. Pasan algunas horas antes de darnos cuenta que nuestro nuevo método de locomoción apenas supera el metro y medio.

Selva de Raiatea

Selva de Raiatea tomada de Flickr por elgalopino

Se trata de un pequeño y amigable equino, originario de las Islas Marquesas. No se necesita ser un jinete experimentado para congeniar con este amable caballo que nos llevará a donde la camioneta no podría llegar. De hecho, pronto ganaremos altura, luego de pasar un río, para sumergirnos en el corazón de una jungla de un fascinante encanto.

Vemos bellísimas orquídeas con las que hubiésemos querido hacernos poco antes de nuestro baile de graduación, así como vainilla, guayabas, y esencias raras. La variedad de vegetación es extraordinaria y se aprecia muy bien con la altura que hemos ganado al estar montados sobre el pequeño equino. Nos aguarda un hermoso día con un exótico almuerzo y un recordado baño en cascadas de agua cristalina.

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