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Reponemos energías en unas vacaciones que transcurren entre montañas, lomas y lagos

Navegación en el norte de Europa

Alemania, Noruega y Dinamarca son los países que nos reciben
Antonio Martínez
14:00h Sábado, 26 de julio de 2008
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Tomar cruceros por el norte de Europa puede ser una manera inteligente de pasar unas vacaciones. Hay que tener en cuenta que el stress se acumula y las vacaciones son un tiempo ideal para el reciclaje del mismo. Qué mejor manera de hacerlo que viajando a bordo de un cómodo crucero a través de un paisaje en el que en ningún momento dejaremos de ver montañas cubiertas ya sea de hierba o de nieve, ríos, lagos, arroyos y lagunas, además de cascadas y acantilados. La salida se gesta en territorio germano, más específicamente al norte del mismo, en el puerto de Kiel. Esta ciudad es la capital del estado de Schleswig-Holstein y se encuentra bañada por la aguas del Mar Báltico. Si llegamos con tiempo a esta ciudad veremos que su cara es muy moderna, correctamente lavada y reconstruida luego de una destrucción total durante la Segunda Guerra Mundial, presenta una red de edificios modernos. Paseando por el puerto veremos que los astilleros más grandes se encuentran allí y se fabrican submarinos.

Imagen tomada de Wikipedia

También podremos apreciar el Canal de Kiel, de bellos armazones, que comunican el Mar Báltico con el Mar del Norte. Y entre cervezas oriundas de Alemania, abordamos el crucero. Nuestra primera parada será recién al tercer día y se efectuará ya en territorios vikingos, en Noruega. Allí nos espera el puerto de Hellesylt, donde apenas atracaremos por una hora. Se trata de una pequeña villa de apenas medio millar de habitantes.



Lo hermoso de este lugar es la vista de las montañas y los valles pero con una hora libre lo más probable es que el barco nos deje mientras nos fusionamos con la naturaleza por lo que decidimos quedarnos simplemente respirando el aire puro de las faldas de la región. Enseguida se cumple el tiempo y partimos rumbo a otra parada que nos dicen será espectacular, lo mejor del caso es que nos queda apenas a dos horas de donde estamos. Impacientes llegamos al mediodía y allí está, se trata de Geiranger, hermosa congregación de montañas verdes sobre aguas turquesas y amable cielo. Bello, sí, pero la vista desde lo alto de una de las lomas es aún más espectacular como tenemos la oportunidad de comprobar.

Imagen tomada de Wikipedia

Aquí nos quedamos unas seis horas, gran parte de ellas, simplemente sentados en aquella loma, disfrutando de uno de los últimos rincones realmente inalterados del mundo, lejos del vértigo de las ciudades. Al descender por el camino entramos al pueblo y pareciera que entráramos a la cápsula del tiempo. Todo muy sencillo. Así termina aquel tercer día, de manera sobrecogedora y navegamos hasta la mañana siguiente para llegar hasta Bergen, siempre en territorio noruego. Bergen es una ciudad grande, la segunda mayor en Noruega y donde los glaciares han ganado terreno permitiendo que los valles sean más profundos. La fotografía del lugar igualmente consta de montañas pero más empinadas y escarpadas, ciertamente plagadas de vegetación también. Es una ruta hermosa que nos va derivando hacia el puerto que es el más grande del país. La parte antigua de la ciudad se encuentra en el ala norte de la bahía, allí destacan las viejas casas de construcción tradicional del siglo XVIII. Aquí podemos visitar la Iglesia de Santa María que data del año 1130. Nuestra estancia la podemos contrastar con el centro de Bergen, de arquitecturas más modernas como el edificio del municipio.

Imagen tomada de Wikipedia

Nuevamente partimos y al día siguiente llegamos a nuestro último destino en Noruega. Se trata de la ciudad portuaria de Stavanger. Sin perder el tiempo nos dirigimos hacia las afueras de la ciudad donde se encuentra el mayor atractivo turístico de la región, el Preikestolen, un macizo rocoso que todos debemos conquistar. La recompensa está en la vista que ofrece la cima pero todo el camino es un deleite a la vista entre lagos y caminos que se abren paso entre la montaña. Entre todo aquel recorrido se nos fue el tiempo y ya debemos partir hacia nuestro último destino antes de dar vuelta hacia Kiel. El crucero marcha hacia territorio danés. El puerto encargado de recibirnos al día siguiente es Aarhus, al cual llegamos con los síntomas de fatiga por la ruta del día anterior. Un café bien cargado y nos sobreponemos. Apenas nos quedan seis horas en la ciudad y nos vamos a Den Gamle By. Se trata de un museo al aire libre de gran concepción con 75 edificaciones históricas practicadas a manera de pueblo. Es como entrar en un pueblo fantasma pero de manera acogedora ya que el mantenimiento se da. Incluso las camas de las habitaciones están correctamente ordenadas y todo de acuerdo a los años de construcción entre los siglos XVI y XIX.

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