Situándome junto a la puerta que correspondería al piloto del auto que habíamos rentado, le dije a Carlos: “tú conduces”. Me miró extrañado y avanzó hacia mí posición. Había olvidado que ya estábamos en Londres y el volante del conductor se encontraba del otro lado. Y es que Londres encanta a cualquiera nada más ingresar a su territorio. Ya en los vagones del metro, mientras acudíamos al local que nos rentaría el auto quedamos sorprendidos por aquel crisol de culturas y etnias envueltas en un mágico aroma, mezcla de respeto, tolerancia y educación. En nuestro vagón viajaba una mujer africana, vestida tradicionalmente y con su hijo en brazos al costado de un grupo de jóvenes latinos que gesticulaban y constaban sus historias. Más allá pudimos ver a un punk que parecía haberse quedado atrapado en algún sótano de la segunda mitad de los años setenta y compartía su mismo espacio con un elegante caballero vestido tradicionalmente con aquel bombín en la cabeza. Y ahí estábamos nosotros, sin saber por dónde empezar en la clásica Londres. Por suerte, habíamos reservado un hotel en Londres.

Imagen tomada de Wikipedia
Londres fue fundada por los romanos en el año 43 de nuestra era a orillas del río Támesis y en ese momento no imaginaron que aquel terreno se iba a convertir en un nuevo eje mundial. En efecto, Londres es una de las ciudades más importantes del mundo sólo al nivel de Nueva York, París y Tokio. Pero las grandes ciudades se labran en duras páginas de la historia, allí donde el bolígrafo no se desplaza con facilidad. Basta con mencionar el incendio de 1666 que destruyó gran parte de la ciudad, la cual tuvo que ser reconstruida a lo largo de una penosa década, y los bombardeos a la que esta misma ciudad fue sometida durante la Segunda Guerra Mundial. Así empezaba nuestro viaje en Londres en donde prometimos imbuirnos de la cultura de esta ciudad, para lo cual no tuvimos mejor idea que empezar por el epicentro cultural de la ciudad. Aquel West End, del que tantas canciones nos hablan, ciudad que ha sido motivo de miles de inspiraciones de artistas no sólo de la música sino de las otras artes también.
Es un caso muy particular pues, técnicamente, El West End no es el nombre de una ciudad sino de un área, que por cierto es una de las más consultadas por el turismo. Podemos decir que es una especie de epicentro de la cultura con la gran cantidad de teatros que allí se concentran, pero también es el caldo de cultivo de los negocios que los visitantes podemos disfrutar a través de un interminable día de shopping. Esta área fue desde antes, un asentamiento para la elite londinense que buscaba alejarse un poco del centro y de su natural tráfico tanto de autos como de personas. Ya desde el siglo XVII esta área se fue gestando, teniendo como ejes los hermosos palacios y los centros de entretenimiento. Para efectos de ubicación, hay que decir que gran parte del West End, se encuentra contenido en la localidad o distrito de Westminster. Es muy recomendable observar el palacio que lleva el nombre de la ciudad, sobre todo en la noche, cuando su profunda iluminación resulta de una belleza muy especial, al mezclarse la mano del hombre con la naturaleza de las aguas a su pie.

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Si buscamos el entretenimiento en su estado más puro, debemos buscar la zona de Leicester Square o de Covent Garden. Si lo que queremos es deshacernos comprando, debemos marchar hacia Oxford Street, Regent Street y Bond Street. Si por esas casualidades del destino, nos encontramos en esta área durante el año nuevo, seremos testigos de un gran desfile, sólo comparable a las festividades de grandes ciudades alrededor del mundo. Ya hablando propiamente del distrito de Westminster, podemos sugerir una visita al Palacio de Buckingham, un monumento lleno de historia y de cultura, sede tantas veces de memorables conciertos y de jubileos recordados. En todos estos corridos, nos coge la noche, peor el ánimo sigue siendo de lo mejor. Es hora de espantar el fantasma del sueño que puede ser nuestro peor enemigo en estas circunstancias y para eso no hay mejor idea que ir pronto al Soho, donde encontramos una gran concentración de bares y pubs, al estilo británico, donde la cerveza encuentra muchos gradientes y podemos escuchar grandes historias que la ciudad ha ido acumulando mientras esperamos el amanecer del día siguiente para seguir nuestro recorrido.