Viajes

Groenlandia, glaciares bajo la aurora boreal

Verano es la mejor época del año para una expedición de senderismo por su abrupto territorio
Meritxell Fandiño
11:53h Martes, 30 de agosto de 2011
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Situada en pleno Ártico, frente a la costa oeste de Canadá y al noreste de Europa, Groenlandia es la segunda isla más grande del mundo tras Australia. La mayor diferencia entre ambas es que la región que hoy nos ocupa está cubierta de hielo en el 80% de su superficie. De hecho, el Parque Nacional North East Greenland es el segundo desierto de hielo más grande del mundo y representa la segunda reserva de este elemento más importante tras la de la Antártida. Todo ello confiere al entorno de Groenlandia unas características únicas, tan abruptas como inexploradas, que generan una gran atracción entre los turistas más aventureros. Y como todos los viajes de estas características, solo tiene un pero: el precio. Tan lejos, tan peculiar y tan duro, la mayoría solo pueden visitar Groenlandia una vez en la vida. Quizás eso hace que valga mucho más la pena.

Barco abandonado en Taasilaq, Groenlandia

Pese a sus más de dos millones de km2 de superficie, Groenlandia apenas tiene unos 56.000 habitantes. Viven en su mayoría en el sur de la isla, en la zona litoral, y distribuidos entre las seis principales ciudades. El 90% de la población son inuit (esquimales), pues parecen los únicos a los que siglos de experiencia han dotado de preparación suficiente para habitar el lugar. La isla pertenece a Dinamarca, aunque ha ido ganando grandes dosis de autonomía entre la segunda mitad del siglo XX y el presente milenio. Actualmente solo las competencias de asuntos exteriores, seguridad y política financiera dependen de Copenhague, y el danés ha quedado reducido al uso más institucional. El idioma mayoritario es el groenlandés.

Los grandes atractivos de Groenlandia son los glaciares, los fiordos y la aurora boreal. Aunque para las tres primeras visitas la época del año más recomendada es el verano, el fenómeno lumínico se manifiesta en su máximo esplendor entre octubre y marzo. Dadas las temperaturas invernales del lugar, es precisamente en el último de estos meses o en septiembre cuando es más recomendable su observación.

Sea cual sea el motivo que nos lleva hasta Groenlandia, moverse por la isla por cuenta propia es imposible. Así que lo ideal es dejarse aconsejar en las oficinas de turismo, presentes en las dos ciudades a las cuales llegan vuelos desde Europa: Nuuk, la capital, y Narsarsuaq. Ambas son un punto ideal para iniciar rutas guiadas, en las que no faltará el senderismo, el trekking o la navegación en kayak. No hay de qué preocuparse, las ha de todo tipo y dificultad.

De este modo, Nuuk es el punto de partida ideal para recorrer los fiordos del sur, mientras que la bonita localidad de Ilulissiat es perfecta para contemplar los icebergs de la bahía de Disko. Como curiosidad, en Qassiarsuk encontraremos los restos de la casa de Erik el Rojo, el vikingo que descubrió la isla en el siglo X. Y es que si algo bueno tienen los territorios glaciares es que conservan su pasado tan intacto como su presente, gracias a las bajas temperaturas. Por su parte, Tasiilaq es un reducto bucólico en una isla inhóspita.

Quienes siempre hayan sentido curiosidad por los lugares más inhóspitos del planeta, no pueden perderse Groenlandia por nada del mundo. Volar hasta allí es como hacerlo a otro mundo. Los interados encontraréis enlaces aéreos a través de los países escandinavos e Islandia.

Fuentes: Viajes National Geographic, Viajeros.com.

Foto: Tasiilaq Greenland por christine zenino en Flickr.com.

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