Camino a los Yungas, un recorrido en bici al borde del abismo

Son solo 65 km de recorrido, pero con un desnivel de 3.600 metros en una carretera de un solo carril, sin guardarraíles y junto a un precipicio de 1.000 metros de altura. Una condena casi segura que ha pasado de gran preocupación a atractivo turístico para recorrer en bicicleta.

El riesgo como única vía

Cuando los virales aún eran cosa de mails en ‘FW’ empezó a circular por la web un power point, o un vídeo en el mejor de los casos, de una peligrosa carretera boliviana cuyos conductores se jugaban la vida. Se trataba del Camino a los Yungas, más conocido como Camino de la Muerte. Un recorrido de apenas 65 km que conectaba La Paz con la localidad de Coroico y el borde de la Selva del Amazonas, y que se cobraba un centenar de vidas al año en un promedio de 200 accidentes.

Por si eso fuera poco, la carretera fue construida con mano de obra esclava de prisioneros paraguayos en los años 30, por lo que desde sus inicios estuvo marcada por la desgracia. Sin embargo, pronto se convirtió en un aliciente turístico famoso en todo el mundo, y muchos viajeros llegaban a Bolivia con la curiosidad de conocer este lugar.

El Camino a los Yungas parte de la Paz y asciende unos 1.000 metros desde el altiplano. Tras alcanzar la friolera de los 4.650 metros, empieza su tramo más popular, con un descenso de 3.600 metros en los antes citados 65 km. Un desnivel brutal que se realiza con un ancho de un solo raíl, sin guardarraíles, y bordeando precipicios de unos 1.000 metros de altitud. La humedad y las fuertes lluvias de la zona dificultan aún más la circulación.

La carretera fue una ruta mortal hasta que en 2007 se construyó una vía alternativa que evitaba a los camiones y coches cruzar por la zona. Desde entonces los accidentes no han cesado, pero se han reducido considerablemente. Ahora el Camino de la Muerte es lo mejor que podía ser: un atractivo turístico para los amantes de la aventura que ofrece magníficas vistas sobre el paisaje.

Eso sí, sigue sin recomendarse el recorrido en coche, ya que el peligro es el de siempre. No obstante, los aficionados a la bicicleta de montaña se sentirán como en casa circulando por la zona, y lo tendrán mucho más fácil que antaño gracias a la gran reducción que ha sufrido el tráfico. Hay que destacar que, en cualquier caso, por el Camino a los Yungas se circula siempre por la izquierda para facilitar la visibilidad, y los conductores que ascienden en dirección La Paz tienen prioridad frente a los que descienden en dirección a Los Yungas.

Tras el recorrido, que se puede realizar con el asesoramiento de varias empresas especializadas, el viajero va a parar a Coroico. Una localidad muy turística por sus plantaciones e impresionante entorno natural, y perfectamente adaptada para alojarse durante uno o varios días.

Foto: efe jota.