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Toledo, paraíso medieval

Fabiola Pezoa
18:00h Martes, 08 de julio de 2008
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Toledo de noche

Toledo, es una ciudad imperial milenaria, que aun conserva vestigios romanos de cuando era llamada Toletum como el circo. Se ubica a aproximadamente 55 kilómetros de Madrid, sobre un cerro, en un meandro del río Tajo, actualmente es la capital de la comunidad autónoma Castilla- La Mancha.

A medida que se acercan por las llanuras, la ciudad se va viendo poco a poco entre las nubosidades, erguida y majestuosa de su pasado y presente. Entrar por la puerta de la Bisagra es lo más habitual, la puerta que los llevara a un sitio medieval y multicultural donde convivieron musulmanes, cristianos y judíos en pacifica amistad.

Toledo alberga historia, arte y arquitectura, capital visigoda desde Leovigildo (siglo VI), cuando recibió el titulo de Ciudad Real. En el siglo XI fue la capital del reino de Taifa con Al`Mammun y conquistada por Alfonso VI para el reino de Castilla en 1085, alcanzando su máxima expresión y prosperidad cuando fue gobernada por Alfonso X alias El Sabio. En Toledo se fundaron Escuelas de traductores, lo que sirvió para transmitir la sabiduría a todo Occidente, obra en la que trabajaron cristianos, judíos y musulmanes en conjunto por el bien común.

Con el reinado de Carlos I, Toledo fue proclamada capital imperial, hasta que en 1560 Felipe II pasó la capital a Madrid. Las calles de la ciudad están completamente adoquinadas, empinadas, estrechas y acodadas, tiene palacios, plazas y pequeñas plazuelas de distintas formas. La Judería o Barrio Judío, es testigo silencioso y sumiso de la expulsión de los judíos de España en 1492, quienes fueron expulsados de sus propiedades forzosas y penosamente, quedando la marca de aquel triste recuerdo en estos barrios.

La sinagoga del Tránsito y Sta. María la Blanca mantienen vivo el recuerdo de aquellos exiliados que mantuvieron vivo su lenguaje, y país de origen, los sefardíes. La parte de España musulmana queda bien representada en las mezquitas y muralla. La época medieval se puede volver a la memoria observando la arquitectura gótica que quedo, bien representada también en la Catedral El Alcázar. La figura de El Greco, pintor griego asentado en Toledo, es el mayor exponente del manierismo de España, su verdadero nombre era Domenikos Theotokopoulos, su estilo plasmaba obras tan estilizadas que llegaban a la deformidad. Uno de sus cuadros famosos que se puede ver en Toledo es el entierro del Conde Orgaz.

Pasear por Toledo es retroceder en la máquina del tiempo, su infinidad de monumentos de todas las épocas, sus calles, ubica a toda la ciudad como un monumento en sí mismo, oficialmente reconocido como Patrimonio de la Humanidad. En Toledo se puede resumir toda la historia de España en una sola, por ser, de la época Romana quedo el Circo Romano y su Acueducto, de la época Visigoda, queda el Castido Medievale de San Servando, de la época Musulmana, la Mezquita del Cristo de la Luz y la Vieja Puerta de la Bisagra, de la época de la Reconquista en 1085, Alfonso VI reconquista Toledo haciéndola capital de su reino, hay Iglesias como la del Cristo de la Vega, la de San Vicente, San Miguel o la de Santiago del Arrabal, San Román, Santo Tomé o la Catedral, de la época a partir del siglo XV queda la Iglesia de San Juan de los reyes, y el Monasterio.

Toledo

Hay artesanía de acero, plamado de navajas, cuchillos, espadas, damasquinados, obras de orfebrería donde se ha ido hoyando las láminas de acero haciendo dibujos de filigrana que después rellenan con hilos de oro. Para los que necesitan azúcar en su torrente sanguíneo es necesario probar los mazapanes, una herencia árabe sin igual.

En esta antigua capital del imperio romano, se nota la influencia de las tres culturas que la habitaron, cristianos, judíos y hebreos. Toledo fue la capital de España en la época gótica, hasta que en 1560 paso la capital a Madrid. Para ir a Madrid se puede tomar un autobús por unos 5 euros y regresar en tren de alta velocidad, demorando solamente 25 minutos.

Entre las especialidades gastronómicas de Toledo encontramos el cordero asado o guisado, la perdiz estofada, el queso manchego, el mazapán como postre, entre otros platos con influencia del Medievo, donde se concentra las tradiciones cazadoras y cristianas. Por las tardes es obligatorio ir a ver el Rio Tajo, allí hay miles de tiendas típicas para visitar.

El espíritu manchego queda reflejado en sus platos más característicos, los opulentos platos basados en carne reflejan la abundancia de caza y ganadería. Casi toda la gastronomía regional tiene una esencia campesina innata que se ha ido sofisticando y diferenciando por el intenso comercio que es propio de la ciudad, donde fluyen materias primas de distintas procedencias, a mediados del siglo XIV se vendían en Toledo salmonetes, cazones, pulpos, arenques, besugos y sardinas.

Se cultivaban en Toledo huertas y setas, la caza y la miel estaban aseguradas por la posesión de sus tierras por parte del señorío, las tierras de los Montes de Toledo. El rio Tajo suministraba peces, aparte de la anguila.

La cocina toledana clásica es de herencia castellana, mejorada por su relación con la cocina de Madrid y de la Mancha. Los estofados, escabechados que permitían conservar los alimentaos en los largos veranos, y pasteles de caza constituyen la mesa desde siempre. Perdieron terreno los asados y la pastelería, las sopas dando lugar al gazpacho. Cuando se incorporo la papa, cultivada en la Mancha, por el siglo XIX, se genero toda una revolución en la gastronomía, también se introdujo el tomate y el pimiento. El escabeche se consume en frio y los estofados a la toledana como le dicen, cocido lentamente. Destacan la patiroja de los Montes de Toledo y las numerosas combinaciones en base al conejo, que se prepara al ajillo, a la cazadora, carbonero, tojunto, con arroz, también destacan las carcamuzas. El gazpacho es una creativa sopa fría de origen campero ideal para los días de verano.

Toledo fue escenario de acontecimientos históricos relevantes y decisivos, apareciendo en La Crónica general que por mandato de Alfonso X recoge el pasado de España. Aquí se narra el tema El Cantar del Rey Rodrigo y de la perdida de España, cuyas dos primeras partes, La Cueva de Hércules o la casa encantada de Toledo y Los Amores de don Rodrigo y la Cava han originado notables ciclos de romances y leyendas. Rodrigo, el último godo. También recoge relatos posteriores la Crónica de 1344 como la Crónica sarracina de Pedro del Corral en el siglo XVI, reviviendo la leyenda sobre la perdida de España. Las obras creadas en la época musulmana, mientras reinaba Al Mamun, han encontrado eco en la novela histórica Azarquiel, el Astrónomo de Toledo, de Mariano Calvo. No queda constancia de la autoría antes de la invención de la imprenta, siempre vinculada al gobierno del minuto, pero es muy verosímil.

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