Los cristales más grandes del mundo en una mina mortífera

Un paraíso de cristales. Blancos entre las paredes rocosas de una cueva. Brillantes como un sol sin sombra. Resplandecientes en toda su estructura, que cruzan la oquedad subterránea sin orden alguno, alineados a su libre antojo. Crecen libres, puntiagudos, en todas direcciones e inundan el espacio con su magnificencia. Así es la Mina de Naica. Un recinto maravilloso, en explotación, que se localiza en la población de Naica, en Chihuahua (México). La mina produce plomo y plata, pero lo que la hizo famosa fueron sus galerías repletas de enormes cristales de selenita (nombre científico). Formaciones acristaladas de hasta 13 metros de largo y 2 de espesor que crecen a una velocidad increíblemente lenta, equivalente al grosor de un cabello cada 100 años, esto es, cada siglo.

Cueva de los Cristales

La Mina de Naica contiene los cristales más grandes del planeta.

Crecer, crecerán. Dejémosles su tiempo. La cueva fue descubierta en diciembre de 1999 por los hermanos Javier y Eloy Delgado. Un infierno con más de 850 metros de profundidad, la principal mina de concentrados de plomo de México y la cuarta más importante del mundo con este mineral. De todas las cámaras que componen la mina y donde se alojan estos maravillosos cristales, únicamente una de ellas está abierta al público. No hacía falta mucha imaginación para bautizarla, así que decidieron llamarla: “La Cueva de los Cristales”. Al resto de cámaras no es posible acceder dado el gran tamaño de las formaciones cristalinas y su elevada temperatura. Actualmente, se registran 45º centígrados en la Cueva de los Cristales y entre el 80 y el 90% de humedad. Esto imposibilita la respiración y es fácil caer inconsciente en menos de diez minutos. Esta misma razón explica por qué se ha hecho una investigación limitada en el lugar. Los científicos idearon trajes especiales con oxígeno para aguantar media hora de trabajo y exploración y adelantar las investigaciones. Una tarea dura. La temperatura puede alcanzar hasta los 59º y la humedad el 100% en zonas sin ventilación.

Estuvieron toda una decada trabajando en ello. Al final se dieron cuenta de que lo mejor era devolver el agua a la mina. Sí, porque en sus orígenes, la cueva estuvo inundada de agua subterránea caliente y eso mismo, gracias a la evaporación del agua, fue lo que permitió que durante millones de años se gestara esta maravilla geológica. Esto mismo explica por qué los cristales tienen muy poca dureza: al haber estado miles de año bajo el agua a altas temperaturas, el mínimo contacto puede rayarlos e incluso hacerlos quebrar.

La cueva está protegida por ley, y la explotación turística de la cueva todavía no ha sido permitida. Sin embargo, se está en curso de permitirle a la comunidad científica su estudio pormenorizado. Se formó hace unos 6 millones de años cuando el mar mediterráneo se evaporó formando la cristalización del yeso. Un fenómeno único a nivel mundial. Dejándonos un legado histórico y geológico que nos ha llegado hasta hoy. Y allí residen, brillantes y relucientes, los cristales. Del color del mármol blanco. Silenciosos, inmersos en la oscuridad. Los más grandes cristales del planeta. En un lugar que estuvo inundado en agua hirviente y que hoy es mortalmente peligroso.

Fuente: cedequack

Foto 1: patrimoniosdelmundo

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