Para esta primavera podrían aprovechar y realizar una escapada a Lisboa, la capital de Portugal, ya que en esta fecha se convierte en un destino espectacular para todos aquellos que gusten de disfrutar al aire libre de mucha tranquilidad y armonía. Ubicada en la desembocadura del río Tajo y poco más de medio millón de habitantes y es la ciudad más rica de Portugal.
Su historia data desde el neolítico con los diferentes pueblos pre indoeuropeos que arribaron al territorio, que dejaron un legado constructivo impactante con menhires, dólmenes y megalitos. Luego de ellos llegaron los Celtas, al menos 1000 a.C., aunque descubrimientos recientes afirman que existía un importantísimo puerto comercial fenicio en esas fechas, por lo que se asegura fue un centro comercial trascendente en la antigüedad.

Lisboa. Foto: La fiesta del fauno
Fue dominada sucesivamente por los griegos, romanos y finalmente árabes en el entorno del 711 d.C., cuando la ciudad floreció a niveles impresionantes gracias al comercio ejercido en dicho territorio. En Alfama, el sector viejo de la ciudad, aún hoy se puede apreciar el fuerte legado y la influencia musulmana ejercida en el lugar hasta la Reconquista a manos de Alfonso Henriques en 1147.
A partir de 1497, la ciudad se convierte en el centro de los viajes del descubrimiento y conquistas extranjeras del Imperio Portugués. El primer viaje lo hace Vasco da Gama hacia India, hasta que en el siglo XVI llega la “era del oro” cuando el puerto de Lisboa se convierte en el puerto principal del concierto con Oriente Medio mientras que desde América del Sur, llegaban las riquezas provenientes de Brasil.
Luego de sufrir incendios e incluso el saqueo provocado por la invasión de Napoleón Bonaparte y posterior conquista, comenzó a fines del siglo XIX una nueva etapa de reflorecimiento, incluso durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Lisboa se transformó uno de los pocos puertos neutrales, por donde escapaban los refugiados de la guerra.
Aquí se dio posteriormente la Revolución de los Claveles en el año 1974, que puso fin al régimen dictatorial de António de Oliveira Salazar, aunque éste falleció cuatro años antes de la Revolución. Desde allí, la ciudad no ha parado de crecer gracias a su puerto, el cual es el más activo de la costa atlántica europea.
El aire de Imperio aún se respira en sus calles, en parte por el dorado color brindado por el ocre y oro de sus edificios, sumado al característico aroma al café que allí se puede respirar, lo hacen un destino único e inolvidable, al que definitivamente decidiremos volver en otra ocasión.
Las fachadas de los edificios, decoradas con azulejos, más las otras con claros rasgos art-decó, lo hacen un lugar de ensueño, donde la ciudad en sí misma nos brinda una gran armonía y tranquilidad para los que buscan un destino para pasear y disfrutar en familia. El lugar más visitado de todos es el centro histórico, siendo la zona de La Baixa el principal exponente de ello.

Barrio Alto. Foto: duda
Esta parte de la ciudad fue reconstruida luego del terremoto de 1755 y se delimita entre el río Tajo y la Plaza de Rossio y entre el Barrio Alto hasta las colinas donde encontramos el hermoso Castillo de Lisboa. Entre estas calles, los días sábados se forma cerca de la estación Santa Apolonia, el reconocido mercado de Ladra, donde se pueden conseguir baratijas y mucha ropa.
En la zona del Chiado, son frecuentes los diversos cafés que allí se alojan, además de ser un territorio bastante elegante. En ese lugar encontraremos las ruinas del Convento do Carmo, transformadas hoy en el Museo Arqueológico.
En el Barrio Alto por su parte, es tradicional comprar alguna bebida y consumirla caminando entre sus estrechas calles, mientras mantenemos una charla amena con quien nos acompañe.
Otra de las zonas de Lisboa que no podemos dejar de recomendar es Belem, situada a orillas del río y donde se encuentran monumentos muy importantes en la historia de la capital portuguesa, como son el Monumento a los Descubridores, la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos, con una arquitectura gótica manuelina sencillamente hermosa.
Además recomendamos una zona muy urbana dentro de Lisboa, como es el Parque de las Naciones, donde se sitúan el Pabellón Atlántico, la Feria Internacional de Lisboa, el célebre Acuario y el Centro Comercial Vasco da Gama. En el mismo parque encontraremos una buena cantidad de bares y restaurantes mientras apreciamos la hermosa vista que nos brinda el río de fondo.
Centro de Lisboa. Foto: cosasdeviajes
Para quienes estén buscando tiendas de lujo donde comprar ropa y joyas, les recomendamos la Avenida da Liberdade, donde se alojan una inmensa mayoría de tiendas reconocidas internacionalmente. Otro sitio recomendable es el Centro de la Fundación Calouste Gulbenkian, que posee un hermoso jardín en su parte trasera.
Lisboa es una ciudad destinada a quienes deseen vivir un momento de ensueño, ya que todo confabula para que así sea. Desde los hermosos paisajes hasta los deliciosos aromas que allí se registran, nos harán sentir muy cómodos en la capital portuguesa, y al mismo tiempo, para quienes concurran con sus respectivas parejas, disfrutar de un entorno muy romántico con la belleza del río.
Los vuelos a Lisboa son frecuentes desde casi todas las ciudades del mundo, si no directos, con alguna escala principalmente en los aeropuertos españoles. Sobre el alojamiento, no debemos preocuparnos ya que existen allí cientos de hoteles en Lisboa para escoger con tarifas de todo tipo, por lo que podemos ajustar nuestra economía al lugar más adecuado.
Igualmente las Agencias de Viajes poseen muchas veces, diversos paquetes con viajes a la ciudad, que incluyen varias excursiones por los lugares más representativos de Lisboa. Eso sí, en el caso de contratar alguno de ellos, procuren que les quede una noche libre para disfrutar de una hermosa cena a la luz de las velas, con la vista única que el río nos otorga.

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Comentarios de “Lisboa, la belleza de la historia con vista al río”
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