Tallinn es la capital de Estonia, y es la ciudad más populosa del país con más de 400 mil habitantes. Estonia forma parte, junto a Letonia y a Lituania, de los países Bálticos –por estar, precisamente, alrededor del Mar Báltico-.
Tallinn está localizada en la costa norte de este país ex miembro de la Unión Soviética y se caracteriza por una riqueza histórica y arquitectónica única: recorrer esta ciudad que se recuesta sobre el golfo de Finlandia puede ser toda una aventura antigua y, en especial, medieval.

Su nombre deriva de taani linnus, que significa “fuerte danés”, y se debe, precisamente, a sus orígenes: esta ciudad data de principios del siglo XIII, cuando, en terrenos de la colina Toompea, fue fundada por los daneses. Luego, un siglo más tarde, en el XIV, Tallin pasó a ser uno de los centros urbanos más importantes de lo que se conoció como la Liga Hanseática (asociación de ciudades del Mar Báltico) que estaba bajo la órbita administrativa de los germanos. Por aquel entonces, su nombre no era Tallinn, sino que se la conocía por su denominación en alemán: Reval.
Es que Tallinn ha sido protagonista y testigo de muchos acontecimientos históricos, que la han ido moldeando en la ciudad que es hoy: una urbe no muy grande con tintes modernos pero, sobre todo, un lugar de gran interés para todos aquellos que gusten de ver –como si casi los años no hubiesen transcurrido- construcciones medievales, murallas, jardines increíbles, iglesias que datan de distintas épocas de esplendor religioso, edificios de corte ruso, museos que recogen y exhiben elementos y documentos de esos años, entre otras muchas atracciones.
Como consecuencia de las distintas ocupaciones que ha tenido este país a lo largo de los años su variedad étnica es también importante: si bien la mayoría de los habitantes son estonios, también habita allí gran cantidad de rusos, bielorrusos, ucranianos, entre otras procedencias.
Toda la zona del casco antiguo de la ciudad (Vanalinn) –una de las principales atracciones de belleza imperdible- fue declarada por la UNESCO, en 1997, Patrimonio Cultural de la Humanidad. Y es desde allí, precisamente, desde donde se puede acceder fácilmente a pie a la “Colina de la Catedral”, el lugar desde siempre destinado a ser sede de la autoridad de la época: actualmente alberga al parlamento, además de otras embajadas y residencias.
Aquí también se erige una torre gótica impactante: la de la iglesia de San Olaf, considerada la construcción más alta de la época medieval y que data del año 1267. Actualmente, y tras algunos incendios sufridos y posteriores reconstrucciones, esta torre blanca se alza a una altura de 123 metros –según se calcula, llegó a medir más de 150-. Lo mejor de todo es que se puede acceder a su cúpula para obtener desde allí una panorámica de Tallinn perfecta.
Otra zona de la ciudad en donde se pueden apreciar construcciones antiquísimas, es la Plaza del Ayuntamiento (Raekoja plats): allí está, precisamente, el Ayuntamiento (Tallinna Raekoda), un edificio gris de piedra caliza con un elevado campanario de chapitel negro, que remonta a un barroco tardío. En lo más alto de este edificio se puede apreciar a Vana Toomas, el Viejo Tomás, una veleta que representa a un mercenario medieval y que es emblemático de la ciudad. Desde esta torre también se puede obtener una vista panorámica de la ciudad.
Esta plaza no sólo es muy bonita por su riqueza histórica sino que también es un lugar ideal para visitar y hacer pequeñas paradas refrescantes: allí –y sobre todo en verano- hay una gran variedad de cafés, heladerías y lugares para tomar refrescos, también se suele organizar conciertos y levantar mercados que asemejan a los medievales.
Otros puntos imperdibles en cualquier recorrido por esta ciudad llena de belleza y misterio son: la Catedral de Alexander Nevsky, de origen ortodoxo, la cual se erige justo en la colina de Toompea, con un estilo arquitectónico ecléctico. Su construcción se remonta a principios del siglo XX cuando Estonia estaba bajo el dominio zarista ruso.

Foto: Guía de Tallin
Sólo a unos pasos de aquí, se encuentra otra catedral: la Catedral de Santa María la Virgen (Toomkirik), de origen luterano y que también constituye uno de los miradores exclusivos de la ciudad. Su construcción se cree que fue en el siglo XIII.
Y no sólo iglesias y catedrales son dignas de visitar, también hay un gran número de castillos: tal es el caso del Castillo Toompea, que data de la época en que los daneses eligieron, como se dijo, la colina de Toompea para levantar la ciudad. Este castillo, construido entre los siglos XIII y XIV, es considerado uno de los más grandes y antiguos del país. Actualmente, su fachada barroca luce una tonalidad rosada que se debe a una restauración realizada en el siglo XVIII.
Además, en esta zona se pueden visualizar tres torres defensivas que con el sólo hecho de observarlas uno se transporta a la época medieval. Entre ellas, destaca una conocida como Hermann el Alto (Pikk Hermann), cuyo nombre proviene de un cuento medieval tradicional de la literatura germana.
Así que ya sabes, en Tallinn se puede ser observador de huellas –aunque bien definidas, y esta es, puntualmente, una de sus características más sobresalientes: lo bien conservadas que están todas sus construcciones antiguas- de una época pasada en la cual levantar fortalezas y grandes construcciones era sinónimo de una ciudad que estuviese lo suficientemente fortificada para mantenerse al margen de embates externos.
Aunque, claro, pocas veces se cumplió con su cometido: tal fue el caso de Tallinn que vio violentar sus fronteras por una variedad de pueblos a través de sus siglos de vida: desde suecos, rusos, hasta –durante la segunda guerra mundial- alemanes.

Ahora bien, a todo este interesante menú histórico se le debe sumar toda una serie de hoteles de categoría, algunas playas que, cuando el tiempo es ameno, son también aprovechables, restaurantes de todo tipo y hasta shoppings y centros de compras propios del siglo XXI, que hacen de Tallinn una ciudad europea digna de ser conocida.