Ginebra: la Fiesta de la Escalada

Ginebra, relojes y bancos. Quizás esa sea la asociación más natural cuando hablamos de esta ciudad suiza. Y ciertamente, resulta curioso fijarse en la gran cantidad de bancos existentes, en el dinero que en ellos se maneja. Basta poco tiempo esperando para ver llegar grandes coches, en muchos casos hasta con guardaespaldas y ver bajarse a alguien con el maletín entrando en uno de ellos. Varias veces pude vivirlo durante mi estancia allí. Como también es habitual ver las muchas relojerías que inundan Ginebra.
Es Ginebra una ciudad de contrastes. Que nos ofrece una parte gris y triste, la de sus casas antigüas, las de sus calles sin colorido, y demasiado masificada y sofocante. Sin embargo, por otro lado, a medida que nos acercamos al lago Leman cambia la vida alrededor. Más alegría; la luz y color que ofrecen las aguas de uno de los más bellos lagos del centro de Europa. Se nos abren los pulmones y podemos respirar felices de ver agua y aire fundirse frente a nosotros. Y en medio, aquella impresionante gran columna de agua que se levanta majestuosa expulsando su chorro a más de 140 metros de altura: el Jet d’Eau.
Pero tomar alojamiento en Ginebra es una historia que va más allá de las finanzas. Ginebra tiene un pasado del que puede presumir. Una Historia brillante en la que abrazó, tiempo atrás, el protestantismo y creció gracias a las riquezas que estas gentes venidas de toda Europa, allá por el siglo XVI, les aportaban. Ginebra fue la ciudad de Calvino, y fue precisamente su figura y la religión que acogió la que dio pie a lo que hoy día es su más famosa fiesta: la Fiesta de la Escalada.
Corría el 11 de diciembre del año 1602, cuando el duque de Saboya intentó recuperar la ciudad para la fe católica. Aquella noche la defensa enardecida de los ginebrinos por proteger su ciudad se hizo famosa, y finalmente, el duque hubo de marcharse derrotado. Se cuentan muchas leyendas acaecidas aquella noche, como la de la señora Royaume, la más famosa de todas, quien valiente y arrojada, cogió un caldero de sopa que estaba haciendo, e hirviendo, se lo echó por la cabeza a los soldados que intentaban escalar los por aquellos entonces muros de la ciudad.
Fue lo que animó a los ginebrinos a luchar por su ciudad. Aquella señora y aquella marmita se convirtieron en símbolos de Ginebra y hoy día, cada mes de diciembre aparecen en la Fiesta de la Escalada.

Suele prepararse para el día 2 de diciembre la Carrera de la Escalada por todo el casco antiguo de la ciudad, donde se emula la retirada de los saboyanos. Continúan las fiestas durante esa semana con varios desfiles, y con exhibiciones de armas antiguas, y paseos medievales con trajes de aquella época mientras la ciudad se inunca de puestos de mercadillos medievales, y se tocan instrumentos antiguos. Ginebra se traslada durante esa semana al siglo XVI y todos, sin excepción, participan de esa fiesta.
La Fiesta de la Escalada finaliza el día 11 cuando por la noche hay un desfile hasta las puertas de la catedral portando antorchas de brea.
Madame Royaume, en forma de muñeco gigante, y las marmitas que son repartidas por todos lados con escudos de la ciudad son parte de ese festejo. Pero como no podía ser de otra forma en Suiza, aquella sopa de verdura que arrojó por las murallas, hoy día se ha convertido en chocolate. Se reúnen grandes maestros chocolateros, que llenan las marmitas de este exquisito dulce que todos pueden saborear. En todas las familias hay marmitas que se reparten, siempre según la tradición, por el más anciano y el más joven de cada familia, y en su interior están llenas de mazapanes y dulces.
Finalmente, esta típica fiesta, que acaba en las puertas de la Catedral, se termina con un buen tazón de caldo y un buen vino caliente.

Queridos amigos Suizos, soy una fanatica de la belleza cultural Suiza, es un pais tan bello en todo, soy peruana ojala agun dian conozca ese hermoso pais, para deleitar de sus ricos chocolates, vinos,conocer sus atracciones historicas. seguirè viendo sus atractivos por internet.
Desearia que me envien postales a mi correo.
Cariñosamente NARDA