
La semana pasada, los Jefes de Estado y Gobierno de los ocho países que conforman el G-8 se reunieron en Heiligendamm, Alemania, para tomar ciertas decisiones políticas a nivel mundial. El traslado y las condiciones en las que han vivido durante estos días los ocho mandatarios es sólo un ejemplo de las comodidades que se toman en sus viajes.
El Grand Hotel Heiligendamm fue el alojamiento elegido para que Bush, Blair, Merkel, Putin y compañía reposaran en sus ratos libres durante la estancia. Salas, bibliotecas, salones de baile, restaurantes y espacios de rabioso lujo forman las instalaciones.
El Gran Duque de lo hizo construir a fines del siglo XIX y allí siempre se ha alojado lo mejor de la nobleza europea, además de otros adinerados. Resulta, por lo tanto, una gran contradicción, ver como los políticos del G8 deciden destinar 60.000 millones de dólares a las enfermedades infecciosas en África, el continente pobre, mientras ellos se toman una cerveza fría en un hotel de lujo en su particular ‘refugio’ alemán. Tomen nota.
Foto: Web oficial Grand Hotel Heiligendamm