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El desierto de los muertos

Alberto Alejos
10:19h Lunes, 03 de marzo de 2008
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¿Quiere vivir una experiencia sobrenatural en su viaje de vacaciones? Pues venga al desierto de Paracas en Perú.

huellas en desierto El desierto de Paracas, ubicado en una zona de gran riqueza arqueológica, destaca porque allí floreció la magnífica cultura prehispánica del mismo nombre. Pero, además de la importancia arqueológica y cultural que puede tener una de las culturas antiguas más bellas de América, existe un atractivo adicional en el desierto de Paracas. La fuerte presencia de ultratumba.

Les describo en estas breves líneas la zona de uno de los desiertos más áridos del mundo. Paracas está ubicado en la costa central del Perú a 245 kilómetros de la capital Lima. También se denomina con ese nombre al fuerte viento que suele envolver al desierto.

Cuando el viajero empieza a recorrer la inmensidad del mar de arena, suele encontrar algún viejo jarrón de un tiempo anterior a los incas. Generalmente ese jarrón está roto y no posee mucho valor. Lo curioso de esos casos es lo que sucede luego. Varios testimonios de viajeros asombrados refieren que luego puede caminar unos pasos y alejarse del lugar del encuentro, si optan por voltear y mirar atrás ya no vuelven a encontrar el jarrón. Probablemente devorado nuevamente por el desierto.

Pero ese singular encuentro del ceramio pre-inca es solo una de las muchas sorpresas que acecha al viajero de Paracas, si sigue indagando en el desierto. La sorpresa más memorable de todas las que le suceden a los viajero es cuando, casi surgido de la nada, encuentran un cambio brutal en el paisaje de la arena. Decenas y miles de cráneos y huesos humanos aparecen de la nada y asombran al viajero. La imagen de lo que ven es como si estuvieran frente a un ejercito de ultratumba que viene por su última presa.

Caminar por el desierto de Paracas se convierte por tramos en una caminata inolvidable. Es un desierto de esqueletos. Huesos y huesos acompañan al viajero durante el camino. ¿Quiénes son estos muertos que de pronto toman el desierto?


Los restos de huesos humanos que se encuentran en el desierto de Paracas corresponden, en su mayoría, a los antiguos habitantes de la cultura de los tejidos magníficos. Guerreros, comerciantes y agricultores yacen indistintamente desparramados en el desierto.

Algunos especialistas argumentan que el cementerio gigante del desierto de Paracas se debe a una catástrofe natural que destruyó la zona. Miles de hombres murieron por un terremoto, maremoto o sequía infernal sin que los sobrevivientes se ocuparan de enterrar a sus muertos. Luego, una tormenta de arena se encargo de ocultar la magnitud de la tragedia.

Otra teoría es que simplemente se trata de un cementerio al que los pobladores de Paracas acudían para depositar a sus muertos. Con el tiempo, el cementerio fue devastado por la fuerza del desierto y por ello los huesos se dispersaron entre las toneladas de arena del desierto.

La segunda es la más probable de las teorías, pero también la menos vistosa.

Independientemente del origen de este cementerio de ultratumba, tenemos que aceptar que pasar un día acompañados de un mar de esqueletos es una experiencia inigualable. Perfecto para hombres y mujeres de gran imaginación que deseen tener una experiencia cercana con el terror sobrenatural.

Mi abuela vivió de niña por la zona. Su niñez transcurrió en Nazca, lugar que es origen también de otra gran cultura pre inca: la cultura Nazca. Como comprenderán. Su niñez fue rica en relatos de las desventuras de aquellos hombres que se perdían en Paracas. La mayoría se volvían locos. Otros, menos afortunados, sufrían de grandes colapsos nerviosos el resto de su vida.

Recuerdo que uno de los grandes cuentos de terror que me contó mi abuelita fue acerca de unos hombres que se perdieron luego de asistir a una fiesta. En la historia que me relató mi abuela, estos hombres habían acudido a una fiesta en Paracas desde la localidad vecina de Nazca. La tarde de la fiesta todo fue alegría, diversión y sobre todo muchas bebidas alcohólicas.

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Sin embargo, una vez concluida la fiesta, todos debieron dirigirse nuevamente a sus casas. Allí empezaron los problemas de los alegres invitados a la fiesta. Para regresar a Nazca debían cruzar el desierto de Paracas. Y por lo menos una parte del mismo lo harían a pie. La prudencia aconsejaba que lo mejor era tomar un alojamiento y esperar al día siguiente para regresar a Nazca, pero el alcohol suele volver a los hombres intrépidos. Como resultado de ello. Los dos hombres de Nazca se internaron en el desierto de ultratumba.

Los primeros momentos de la “travesía” los pasaron divertidos recordando lo divertida que estuvo la fiesta. Sin embargo, con el paso de los minutos, empezaron a notar un extraño canto que llegaba desde lo lejos. Se paralizaron de miedo. Era conocida la leyenda de una procesión de muertos que rondaba el desierto en las noches. Aquellos desgraciados que tenían la mala suerte de encontrarse con estos maléficos seres, eran arrastrados (con sumo pavor) por la marcha de la procesión hasta ser transportados a una dimensión desconocida donde viven los muertos.

En la historia que relató mi abuelita, uno de los dos ebrios decidió esconderse lejos hasta que pase la procesión. El otro, un valiente del alcohol, se arriesgó a mirar cómo pasaba la procesión. Quería contarle a sus amigos la hazaña de haber visto la procesión. Como no podía esperarse menos, para ver la procesión se acercó lo más que pudo a la misma y buscó un lugar escondido y discreto desde donde no lo pudieran ver.

Pero pretender burlar a los seres de ultratumba es frecuentemente un error. Finalmente se descuido al observar asombrado a los esqueletos infernales que desfilaban cantando y fue descubierto. El resultado fue que el pobre hombre terminó arrastrado, a pesar de su voluntad, a seguir la procesión. Su destino se perdió entre lo ominoso del desierto. Nunca se supo más de él. Su otro amigo, desde una posición más lejana, solo alcanzó a escuchar un alarido terrible que adivinó sería el de su amigo al ser llevado con los seres de ultratumba. Finalmente fue el amigo cobarde quién contó la historia.

Una leyenda inolvidable la que me contó mi abuelita. Así que si usted gusta de vivir emociones mágicas y legendarias. No dude en visitar el desierto de Paracas. No solo disfrutará de la belleza de uno de los lugares más bellos de Sudamérica. También se encontrará con un lugar de misterio y aventura. ¿No se animaría a dar un paseo en la noche por el desierto en Paracas?

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