No todo es cerveza y fútbol. No señor, Dublín, la capital de Irlanda, esconde importantes edificios que descubrir, además de las clásicas tabernas en las que bailar ritmos celtas.
La ciudad, de reducidas dimensiones, permite poder ir andando a la mayoría de lugares más importantes que suelen concentrarse en el centro y en el barrio Temple bar, uno de los más modernos y concurridos, llamado así por la cantidad de pubs irlandeses que hay.

De paseo por el centro
Si dispones de un fin de semana largo, es suficiente para poder recorrer la ciudad e impregnarse por la tranquila a la par que vanguardista cultura irlandesa.
En el centro, destaca su calle principal, O’Connell Street, un lugar destacado de la resistencia irlandesa y escenario de sangrientos acontecimientos, de ahí que puedan verse importantes monumentos y estatuas de jefes sindicalistas.
Como si de un templo se tratase y construido en el siglo XIX, la Oficina de Correos es interesante por los cuadros que remomeran el asalto que sufrió en 1916 por los rebeldes irlandeses. Además, la entrada es gratuita.
A lo largo de esta calle principal encontramos la estatua de Jim Larkin, uno de los más famosos sindicalistas del país. En esta concurrida calle, llena de grandes almacenes y establecimientos Fast-food está el Spire, una gran obra arquitectónica, difícil de mirar hacia arriba. Se trata de una fastuosa aguja bastante moderna, ya que se realizó en 2003.
Muy cerca de esta animada calle destaca el centro cultural James Joyce, el famoso escritor dublinés. En este centro-museo encontrareis todo lo indispensable de la figura de este importante artista, así como fotos de los lugares de su obra más importante, el Ulises.
Un barrio muy moderno
Temple bar es el barrio de los bohemios. No sólo por sus tabernas sino también por la cantidad de galerías de arte que hay.
Una noche típica en Dublín debe pasar, obligatoriamente, por escuchar, ver y bailar las típicas danzas celtas y beber cerveza Guinness, toda una institución el país y protagonista de cualquier pub que uno visite.
En las mismas tabernas, además, hay platos autóctonos a base de cordero, patatas, col, sandwiches de diferentes clases, el salmón, muy bueno y apreciado o deliciosos postres como el baileys cheesecake o el pastel de chocolate. Comer en las tabernas es más barato que hacerlo en un restaurante formal, así que recomendamos ir prontito, a eso de las 18.00 para coger un pequeño rincón, ya que suelen estar llenas a todas horas del día.
The Temple Bar es una de las tabernas más conocidas y una de las más antiguas. Lo malo es que siempre está llena a rebentar, pero merece la pena verla, aunque sea de fuera. Otra taberna en la que puedes escuchar música en directo todas las noches es Oliver St. John Gogarty. Es muy grande, con varios pisos y un restaurante formal y, algo caro, en su parte superior. En la inferior, copas, música y un ambiente fiestero y muy alegre.

Dejamos de lado las tabernas y vamos a explorar un poco más este barrio. Callejeando encontramos la filmoteca irlandesa, curioso y bonito, en el que se pueden comprar películas irlandesas. El archivo nacional de fotografía es otro lugar digno de ser visitado. En él hay más de 600.000 dibujos y fotografías de todo el país.
Las calles de este barrio os recordarán seguro a rincones de barrios antiguos de muchas ciudad, por la estrechez de sus calles y su aire histórico.
Otros monumentos
Grande e impactante, el Dublín Castle representa siete siglos de dominación inglesa. Recomendamos seguir un mapa con los diferentes itinerarios que podemos visitar. Encontramos un patio superior y un patio inferior, y en sus interiores, nos empapamos de la historia de este singular país que ha vivido en lucha constante.
Para los amantes del arte, la National Gallery alberga una importante colección de obras de arte de artistas del país y de todo el mundo. El museo se divide en la pintura irlandesa y las escuelas europeas, donde admirar Picassos y Goyas. Lo importante: la entrada es totalmente gratuita.

La catedral de Sant Patricio es la segunda catedral protestante de la ciudad y acoge exposiciones permanentes. También se puede visitar las tumbas de importantes personalidades irlandesas.
El parque más grande
Visitar Phoenix Park es todo un lujo. Irlanda cuida al máximo las zonas verdes de la ciudad en las que respirar aire puro. Este parque es todo un ejemplo, ya que con más de 700 ha es el parque más grande de Europa. A nivel muy mundial, también es importante porque es, incluso, más grande que el Central Park de Nueva York. En él están importantes monumentos y edificios institucionales, zonas de juego, estanques… es un lugar de reunión para los dublineses en fines de semana y zona de comidas y meriendas para trabajadores entre semana.
De compras
No marcharemos de visitar una ciudad sin comprar algún souvenir o regalo interesante. En Dublín lo tienes muy fácil, pues todas las tiendas para comprar recuerdos son de una misma cadena, Carrolls, que se extienden por todos los rincones de la ciudad. Semillas de trebol, collares y pulseras con motivos celtas, cervezas, bombones sabor Guinness, sudaderas, música irlandesa... y más de lo que puedas imaginar. Todo un templo kitsch de colores verdes, blancos y naranjas, como la bandera de irlanda.
Alojarse y transporte
Dublín no es una ciudad especialmente barata, pero si uno se lo sabe montar bien, tampoco te rasgarás los bolsillos. Para alojarse hay infinidad de hoteles, de bajo coste, con generoso desayuno incluido, sencillos y sin más pretensiones, por unos 50 euros la noche. Los hoteles de tres estrellas sí que se suelen disparar.
En avión, hay varias compañías y ofertas que puedes mirar por Internet. La compañía de avión irlandesa Aer Lingus realiza muchos viajes a diario desde España por precios bajos, según temporada.
Como hemos comentado, puedes pasear por la ciudad a pie sin dificultad, llegando a prácticamente todos los lugares más destacados. Si te apetece alejarte un poco o simplemente, tus piernas ya no responden, podremos coger el tranvía Lua (en gaélico), el idioma que también se habla en Irlanda. Este tranvía te lleva rápidamente por toda la ciudad.
Fotos: Guillermo Pérez
A mi me sigue enamorando esta ciudad, es magnífica