Hay ofertas de cruceros que sencillamente no se pueden resistir, por ejemplo aquellas que suponen dos semanas de navegación intercontinental. Se me viene a la mente aquel viaje en crucero que sale de Lisboa y tiene como destino final Río de Janeiro, luego de haber cruzado todo el Atlántico con sus respectivas escalas, cada una más divertida que otra. Lo primero es llegar a Lisboa, una ciudad con mucha historia, salpicada de distintas influencias culturales entre las que destacan la mano romana y la mano musulmana, cada una en su tiempo. Si tenemos tiempo, sería conveniente visitar las iglesias de la ciudad que presentan un arte bastante trabajado, sobre todo en sus interiores. Una buena elección es la Catedral de Lisboa con su estilo románico o el hermoso Monasterio de los Jerónimos con el arte interior de su Claustro, practicado con tres estilos distintos que se levantan frente a sus jardines. No debemos partir de Lisboa sin haber probado las Pataniscas de Bacalhau, platillo hecho a base de bacalao y perfectamente complementado con naranja. De postre recomiendo fervientemente el Pastel de Nata. Hora de partir.

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Después de un día de navegación, nuestro crucero hace su primera escala en Funchal, capital de la Isla Madeira. Esta isla de soberanía portuguesa se encuentra frente a las costas de Marruecos y nos presenta una incalculable belleza cuando el barco está atracando en la bahía. El verdor de las colinas del fondo y las aguas limpias se complementan a la perfección en una de las obras cumbres de la naturaleza. El clima es tibio y si llegamos en verano, nos topamos con playas de agradable temperatura en sus aguas. En la ciudad podemos encontrar hermosas calles ajardinadas y presentando varios monumentos históricos. Tenemos varias horas y nos trasladamos a las afueras de la ciudad a visitar el Jardín Botánico de Madeira que además de su excelente diversidad de plantas, nos ofrece una panorámica excelente desde una de sus terrazas. Vemos unas orquídeas bellísimas que quisiéramos llevar con nosotros, pero no es posible y ya es hora de embarcar de nuevo, no sin antes probar el exquisito vino de Madeira en un rápido brindis. Dos días de navegación y ya estamos en nuestra siguiente parada.

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Las Islas Cabo Verde nos reciben frente a las costas de Senegal, aún en continente africano. Se trata de un archipiélago de diez islas grandes y cinco islas menores, siendo la principal la isla de Barlovento. En la isla podemos apreciar la maravilla que la naturaleza ha dibujado en perfectas formaciones rocosas de origen volcánico. Debido a las cenizas volcánicas, la vegetación no es abundante y la sequía se viene asentando debido a los cambios climáticos. Sin embargo, aún podemos disfrutar de hermosos paisajes como en toda isla, muy cerca al mar. Nuevamente embarcamos y esta vez la diversión proviene de nuestro propio transporte ya que tenemos tres días de navegación ininterrumpida antes de llegar a nuestro siguiente destino en la ciudad de Recife. La fiesta no para, conocemos mucha gente, todos muy divertidos y con grandes experiencias para intercambiar. Llegamos. Al fin tocamos continente americano en Recife, la capital más antigua de Brasil, fundada en 1537. Sin perder tiempo nos vamos a la playa de la que tanto nos han hablado, la playa de Boa Viagem.

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Se trata de un hermoso balneario de aguas limpias y modernos edificios frente a la costa. Es justamente el mediodía y dos horas bajo el sol hacen maravillas con los bronceadores exóticos que unos ambulantes nos ofrecen. Hay tiempo para mirar el atardecer desde una terraza ya que nuestro crucero parte cerca de la medianoche. Unas pequeñas compras de ropas de baño y a partir rumbo a Salvador de Bahía, capital del estado de Bahía y al sur de Recife. Aquí también tenemos hermosas playas con miradores espectaculares como el de Elevador Lacerda. La gastronomía es fabulosa en Bahía, cualquier plato hecho a base de mariscos no tiene pierde. Lamentablemente nos indican que no podremos ver el atardecer desde el Farol de Barra porque el crucero parte apenas a las tres de la tarde. Nos concentramos en la ciudad entonces, damos un paseo por el casco histórico antes de almorzar en un restaurante turístico mientras observamos un espectáculo inolvidable a cargo de unos atletas-bailarines que nos presentan una danza de Capoeira, mezcla de artes marciales y baile alegre. Ahora sí, Río de Janeiro nos espera, pero esa es otra historia.