Cádiz: ciudad abierta al mar

Pocas ciudades recuerdo tan frescas y luminosas, tan abiertas al mar; con ese sabor y ese olor marino que el Atlántico impregna en casa una de sus piedras. Cádiz es alegre, es vital, tiene lo que en Andalucía llamamos “ángel”.
Sus fachadas claras, de rosas, de amarillos claros, de blancos parecen acogerte, sentirte liviano y abrigado al mismo tiempo. Te sorprende el impacto de ver su cielo tan azul con sus casas pálidas. Parece hecha a la medida, como si ese fuera el sitio y el espacio justo para construir en porcelana ese trocito de Andalucía.
Cádiz está unida al continente por apenas una lengua de arena por donde pasan la carretera y la vía del tren. Su extensión es de 9 km2. y tiene un puerto natural en el mismo centro de la bahía. Son todas ellas características que la hacen inconfundible e irrepetible. Porque irrepetible es la sensación que se tiene cuando se enfila la avenida que atraviesa esa lengua de arena; como si la ciudad, resplandeciente por su blancura y los reflejos del sol sobre sus ladrillos, flotara en el mar.
Un cartel reza en la entrada de la ciudad que indica que Cádiz es trimilenaria, y es que su fundación se remonta a la época del os fenicios, cuando le dieron por nombre Gadir. Desde allí, por su situación privilegiada, se convirtió en centro del comercio por todo el Mediterráneo. Desde sus costas de arena se vivieron momentos intensos como el de la batalla de Trafalgar en el año 1805, donde tantos barcos españoles fueron hundidos.
Ahora, aquellas mismas playas que en su día recibieron tantos restos del naufragio, son playas de arena fina y muy blanca, limpias y muy llamativas, de aguas frias, pero transparentes. Y es que Cádiz tiene algunas de las mejores playas del mundo.
Pero si otro encanto tiene además la tacita de plata es pasear por su casco histórico. Calleja estrechas, de paredes blancas, peatonales muchas de ellas, y llenas de naranjos y limoneros. Se alternan los puestos de “pescaítos” y en cualquier parte podemos sentarnos para disfrutar de un cartuchito de ellos. Da igual el sitio, porque cualquier rincón en Cádiz te invita a disfrutarla, sea sentado en cualquier banco o sea en la plaza que hay cerca de la Iglesia del Rosario. Pero si de Iglesias hay que hablar, no podemos olvidar su Catedral, la Catedral Nueva de estilo barroco y neoclásico, donde está enterrado Manuel de Falla. Y junto a ella el Monumento a las Cortes, aquellas donde se firmó la famosa “Pepa”, la Constitución de 1812.
El Mercado Central, el Castillo de Santa Catalina, el Baluarte de los Mártires, no nos faltan sitios para visitar antes de despedirnos de Cádiz dándonos un último baño en las Playas de la Caleta o de la Cortadura…

La verdad es que Cadiz es una maravilla, una “tacita de plata” que bebe en esa bahÃa que toma su nombre, en conjunto la provincia entera y AndalucÃa son una serie de lugares y rincones con encanto y como bien dices con ángel.
Felicidades a los gaditanos por vivir donde viven y por ese especial y único sentido del humor.
saludos de un granaino.
Cádiz es ciudad que engancha, luminosa y marinera, de ella me enamoré nada más verla y en ella vivo felizmente hace ya más de treinta años, siendo lugar de nacimiento de mis dos hijos.