El pasado y el presente, lo exótico y lo moderno, la paz y el bullicio…. Bangkok es un concurrido sitio turístico que reúne en su superficie los más increíbles contrastes. Ubicada en la rivera oriental del gigante río Chao Phraya y cercana al Golfo de Siam, esta enorme ciudad (y capital) de Tailandia ofrece numerosas y tentadoras propuestas para todos aquellos que quieran meditar de día… y disfrutar de noche.
Desde que sale el sol hasta que se esconde, los mercados y los centros comerciales son testigos del continuo transitar de la gente. Productos electrónicos, comida, flores, artículos que imitan a los de costosas marcas… todo es válido para atraer a los consumidores.
En contraposición a la fiebre consumista, Bangkok también ofrece a los visitantes un “paraíso de la meditación”. Entre las construcciones religiosas más importantes figura el santuario Wat Phra Kaeo, creado en 1785 para uso exclusivo de la familia real y donde, en la actualidad, se encuentra el pequeño Buda Esmeralda. Enfrente, se alza el Gran Palacio, una imponente y colorida edificación donde el dorado es el tono por excelencia y que constituyó, a lo largo de 150 años, la residencia del rey.
Para contemplar al Buda Reclinado, una majestuosa figura dorada de 46 metros de largo y 15 metros de alto, los turistas tienen que trasladarse hasta el histórico complejo del siglo XVIII Wat Pho. Quienes se acercan hasta esa impresionante imagen acostumbran tirar monedas en vasos para atraer a la buena suerte y así, cumplir sus deseos. Como forma de coronar las jornadas de meditación y relajarse por completo, los turistas pueden disfrutar de diversos masajes terapéuticos.
En cuanto a la noche de Bangkok, parece ideada para todos aquellos que quieran divertirse y disfrutar de largas noches en exclusivos lugares de estilo occidental. Dentro de ellos, vale la pena destacar a Distil donde, desde su terraza, es posible contemplar a la gran ciudad iluminada.
Foto: mikelats35