El movimiento hippie es un tema sobre el que se ha dicho de todo, así que avisamos de antemano; nada de lo que se dirá aquí será novedoso, ni mucho menos original -baste con ver el título para descubrirlo. No importa, puesto que no es ese el objetivo de este artículo. Hay algo muy curioso en el fenómeno de los hippies que trasciende su propia existencia en un momento histórico determinado y es justamente el hecho de haberse convertido en un referente en el imaginario colectivo de muchas generaciones, tanto anteriores a él como muy posteriores. Seguramente gracias a la enorme potencia icónica y simbólica que el movimiento tuvo en su momento.
Le pasa al movimiento hippie lo que al Ché Guevara; fueron lo que fueron en su día sin prestar especial atención a su imagen venidera, pero como su mensaje y el contexto histórico en el que se desenvolvieron poseían una fuerza extraordinaria, acabaron convertidos en símbolos. Esto ocurre gracias a que el mensaje es revolucionario, o lo que es lo mismo; suscita partidarios, detractores y un sinfín de opiniones diversas, incluida la indiferencia, pero desde luego es conocido por todo el conjunto de una sociedad, en tanto que no se puede ser indiferente a algo desconocido. Y así se crean símbolos, que a diferencia de las ideas pueden ser instrumentalizados, alterados con el paso del tiempo hasta el punto de pasar a significar cosas bastante distintas a las que determinaron su existencia.
Esto ha ocurrido con los hippies como con tantos otros, pero con especial vigencia en el caso que nos ocupa. Hoy no resulta extraño escuchar el concepto de ‘hippie’ para referirse a cosas que para nada tienen que ver con los planteamientos que están detrás del origen del movimiento hippie. En mi pueblo por ejemplo hay un mercadillo ambulante conocido como los hippies, aunque allí ni paz y amor, ni ropas de colores llamativos y desde luego artesanía cada día menos. No menos interesante es comprar ‘ropa hippie’ en un centro comercial cuando la propia idea de tal cosa daría urticaria al menos alternativo de los hippies. Por no hablar del concepto de ‘hippie pija’ o ‘pijipi’ que es por sí mismo una contradicción en sus términos.
Por eso resulta especialmente interesante conocer y remontarnos al origen del movimiento hippie para entender realmente qué hubo detrás del concepto y a la vez por qué la palabra derivó a un mero adjetivo aplicable a cualquier cosa mínimamente alternativa o con una conexión discutiblemente lejana. Por eso y porque, por mucho que se haya escrito sobre la cuestión, los hippies -como el Ché- van y vienen con las modas; una temporada se considera desfasadísimo y al cabo de tres o cuatro años vuelve a ser lo más trendy que existe en el mercado y la gente cree que imitando cierta manera de vestir y fumando un poco de marihuana se imbuye del espíritu hippy cuando en realidad sólo les ha poseído el espíritu semana fantástica de El Corte Inglés.
Pero los hippies en realidad son -o fueron, mejor dicho- otra cosa. En el origen de los hippies hay una voluntad de transformación y cambio social que bebe de las distintas corrientes y movimientos contraculturales que llevaban gestándose durante más de medio siglo. La principal de ellas fueron los beats, cuyo máximo exponente fue Jack Kerouac y su obra clave En el camino. Este es ya de por sí un concepto difícil de explicar puesto que a menudo se confunde con beatniks, un apelativo inventado por el periodista californiano Herb Caen para estereotipar a los seguidores de la Generación Beat. En la cultura beat ya había valores que constituirían pilares fundamentales del movimiento hippie, como el rechazo a los valores estadounidenses clásicos (capitalismo, consumismo, patriotismo, etc.), el uso de drogas con fines recreativos, una gran libertad sexual y el interés por la filosofía oriental.
Salvando todas distancias, en cierta manera se podría afirmar que el movimiento hippie no es más que la aplicación consecuente y radical de la cultura beat a todos los ámbitos de la vida. De algún modo no resulta tan diferente de lo que trató de hacer Rusia con la obra de Marx cuando se creó la URSS, sólo que a diferencia de lo que ocurrió con el comunismo, ni el origen de los hippies es político, ni los hippies aspiraban a extenderlo a nivel mundial mediante la acción política, sino más bien a través del ejemplo y el efecto contagio.
Pero no todo en los hippies era beat. El naturismo alemán fue otra de las grandes influencias que vendrían a configurar su ideario. De esta corriente vienen su amor por la naturaleza y la búsqueda de formas de vida en contacto con ella, la práctica común del nudismo y probablemente en connivencia con los ideales de libertad sexual heredados de los beats, la búsqueda de modelos familiares alternativos al tradicional, la vida en comunidad y el deseo de establecer nuevos tipos de relaciones humanas, nuevos modelos de sociedad que chocaban frontalmente contra los valores predominantes en la sociedad de los sesenta.
Quizás ahora queden ya muy lejanos aquellos tiempos, y como decíamos antes, el propio concepto de hippie ha perdido muchas de sus implicaciones iniciales y se ha vaciado completamente de significado. Por establecer un paralelismo claro, es exactamente lo mismo que ocurrió con los beats cuando se acuñó la etiqueta beatnik. Aunque el adjetivo contenía algo de la esencia a la que se refería, en la práctica lo beatnik se convirtió en todo aquello referido a la mera estética de los seguidores de la cultura beat, lo superficial, el estereotipo nada más.

El símbolo de la paz del que los hippies hicieron bandera, era en origen un símbolo de rechazo a la energía nuclear.
Hoy en día la palabra hippie es sólo un estereotipo, un corsé que en el mejor de los casos nos llevará a preguntarnos por su origen y a profundizar en el concepto, pero que en definitiva ha perdido importancia en la medida en que muchas de las ideas o reivindicaciones que hicieron surgir el movimiento están completamente asumidas y superadas por la sociedad actual. Y esto sí, señores, es lo verdaderamente mágico porque explica claramente cómo funciona la evolución histórica de la humanidad. Gracias a modas, movimientos sociales, símbolos, culturas, subculturas y contraculturas confrontándose e influyéndose de manera irreversible sin llegar jamás a confluir del todo.
Resulta difícil de imaginar ya una sociedad machista, clasista, racista e intolerante como la que estaba ampliamente extendida y aceptada en todo el mundo occidental hace tan sólo unas cuantas décadas. La homosexualidad, por ejemplo, estaba completamente estigmatizada, pero no sólo eso sino también otras actitudes de lo más comunes en nuestra sociedad como el sexo fuera del matrimonio, la desnudez, la igualdad no ante la ley sino como actitud vital, la tolerancia con las culturas diferentes y la igualdad plena entre hombres y mujeres. Son cosas que damos por supuestas, que consideramos evidentes y que configuran nuestra manera de ser y de entender nuestro entorno pero que no lo eran para nada en un pasado bastante cercano. Nunca se les reconoció lo suficiente pero en realidad los hippies sí cambiaron el mundo.

