Existen tantos vuelos como visitas podemos hacer en cada uno de nuestros viajes. Algunos nos inclinamos hacia el descubrimiento de nuevos espacios naturales. Nos seduce el contacto con la naturaleza en cualquiera de sus ecosistemas, más ahora que el delicado equilibrio del ecosistema está siendo afectado y marcha hacia una merma de manera inexorable. Otras personas más bien buscan visitas culturales en algún museo, pinacoteca o un recorrido por monumentos históricos.

Vista de Agaete tomada de Flickr
Una combinación de ambas cosas puede ser encontrada en la localidad de Agaete que se ubica hacia el norte de Gran Canaria. Una visita a esta localidad se hace ideal para las personas que no gustan de visitar o que en esta oportunidad quieren conocer algo nuevo y dejar a un lado los viajes a destinos más conocidos y por tanto más masivos como Maspalomas, Mogán o Playa del Inglés, para citar nombres en Gran Canaria. Agaete tuvo su capítulo en la historia.
Es aquí, en donde el ejército castellano desembarco para hacerse con la isla en el siglo XV, mismo lugar que mucho antes había sido referencia para los aborígenes guanches. El lugar de la salida y la puesta del sol. La formación natural más representativa de Agaete es el llamado Dedo de Dios. Se trata de una formación rocosa del tipo basáltica que queda al pie de un acantilado que cuenta más de 300 000 años de antigüedad.
Fuertes vientos y corrientes marinas fueron erosionando el acantilado hasta darle la forma de un dedo que apunta hacia arriba, al menos hasta antes de la tormenta de 2005 que se llevó los 20 metros superiores, restándole validez al nombre con que fuera bautizado hace ya tanto tiempo. Conocido ahora también como el Roque Partido, sigue siendo un lugar digno de ser apreciado para los amantes de la naturaleza.

El Dedo tomada de Flickr
Visita que viene a complementarse muy bien con las de otros espacios naturales no menos interesantes como el Parque Natural Tamadaba, de origen volcánico, en el cual podemos hacer excelentes excursiones o disfrutar de los pueblos aledaños y su apetitosa cocina. También se puede hacer turismo rural en los valles que rodean a la zona y ofrecen un refrescante aroma a pino sobre todo en los amaneceres. Y las visitas culturales encuentran su punto de atención en la necrópolis y en la Ermita de las Nieves.