El espectacular color turquesa de sus aguas da lugar a uno de los paisajes más bellos de Francia: las gargantas del río Verdon. Las aguas de este afluente del Durance, que acaban desembocando en el Ródano, serpentean entre las montañas del sudeste francés, al pie de los Alpes, y configuran un auténtico paraíso para todo amante de la naturaleza.
La erosión provocada por el río ha dado lugar a uno de los cañones más increíbles de Europa, que en verano recibe las visitas de miles de turistas ávidos de darse un buen chapuzón o de practicar deportes de aventura. Las profundas gargantas de piedra caliza, que pueden llegar a alcanzar los 700 metros de profundidad, invitan a darse un paseo por ellas en barca, kayak o piragua.
Además, caminar entre las montañas resulta todo un placer para la vista. Con 1.000 kilómetros de senderos y túneles entre los diferentes picos, los amantes del senderismo cuentan con multitud de posibilidades, pudiendo detenerse en los diferentes miradores a tomar un respiro y hacer magníficas instantáneas. Especialmente recomendables son las rutas de los Balcones de la Mescla y la Cornisa Sublime, con algunas de las mejores vistas del lugar.
Para los amantes de las emociones fuertes el Verdon tampoco se queda atrás, ofreciendo la posibilidad de hacer barranquismo, de sobrevolar el paisaje en parapente, o de retar al vértigo haciendo puenting des del puente de l’Artuby. Las rutas ciclistas entre los diferentes picos tampoco tienen desperdicio.
Así, el paisaje se extiende mucho más allá del río. El parque natural del Verdon nos ofrece casi 180.000 hectáreas de naturaleza en estado puro, salpicada de cinco pantanos y una buena cantidad de encantadores pueblecitos, todo ello bajo el agradable olor de los campos de lavanda de Valensole. Entre estos municipios cabe destacar a Castellane y Moustiers-Sainte-Marie, entre las cuales transcurre el tramo más imponente de las gargantas del Verdon, sin olvidar Bauduen, junto al lago artificial de Sainte-Croix (donde se nos ofrece la posibilidad de alquilar canoas e hidropedales, o de, simplemente, descansar en sus concurridas playas de arena), y Bargème, que a 1.097 metros de altitud se erige como el techo de la región.
La proximidad de la Costa Azul, con ciudades como Marsella, Cannes o Niza, puede completar un viaje espectacular, para el cual el precio no tiene por qué resultar un problema. A lo largo del Verdon se extienden numerosos campings, casas rurales y hoteles de diferentes categorías que permiten conocer la región a todos los bolsillos.
Foto C1ssou
