Hedonismo californiano en Coachella

California es una de las regiones del planeta más deseadas. Allí finaliza la Ruta 66, allí están las playas que todos recordamos con olas perfectas para que arrogantes surferos consigan una imagen de postal; la opulencia de Beverly Hills y el glamour hollywoodiense en Los Ángeles -ya lo decía Loquillo a bordo de su solitario Cadillac, “siempre quise ir a L.A.”-, el permanente verano casi tropical y ese aire que aún prevalece en ciertas imágenes, contrastando con la ampulosidad de sus urbes, un aire medio bohemio, una especie de anacronismo hippie… Sea lo que sea, California ocupa su puesto privilegiado en la lista de lugares soñados.

Música y hedonismo en Coachella.

También es uno de los lugares musicalmente más atractivos de Estados Unidos. Allí, en la ciudad de Indio, condado de Riverside, se celebra puntualmente, desde 1999, uno de los festivales de pop y rock alternativo más importante del mundo, es el festival de Coachella. La historia de este festival se remonta a seis años antes de la primera edición, cuando el grupo Pearl Jam tocó en una explanada de Indio ante 25.000 personas, desplazados a aquel lugar por un boicot de la empresa distribuidora de entradas Ticketmaster y los auditorios controlados por ella.

La experiencia caló, se quedó como un hito en quienes asistieron y organizaron el evento en aquel lugar y, en 1999, nacía el Coachella Valley Music and Arts Festival. Osea, el Coachella Fest. Los días 9 y 10 de octubre de aquel año de nuevo 25.000 personas se congregaron en el valle de Indio para ver a los Chemical Brothers, Tool, Morrisey o Rage Against de Machine. Pese a su primer éxito, problemas financieros llevaron a los organizadores a tener que suspender la siguiente edición, en la que la experiencia Coachella podría consolidarse y, en cambio, corría riesgo de disolverse en el manantial de festivales fallidos. Más cuando en 2001 el renacido festival se redujo a un solo día y movió sus fechas iniciales a abril, buscando quizás las ansias de sol de hormonados jóvenes cuando la primavera alcanza su esplendor.

A partir de 2002, sin embargo, y consolidándose como un festival de primavera, Coachella triunfó. Por allí empezaron a desfilar Oasis, los Red Hot Chili Peppers, Iggy Pop, Radiohead, Coldplay, Arcade Fire, The Killers, Kings of Leon… en definitiva, no hay ahora banda que arrase que no quiera pasar por la localidad californiana. Cierto es que desde unas primeras ediciones en las que el cartel parecía destinado al rock más alternativo, ahora no escapa de los artistas más representativos del mainstreem, como demuestran las últimas apariciones de Madonna, por ejemplo.

Además, es un festival en el que las actuaciones se combinan con espectáculos visuales imposibles de ver en otro lugar del mundo. En la última edición, por ejemplo, durante el concierto del rapero Snoop Dog, apareció sobre el escenario otro rapero, el legendario Tupac Shakur. Un dueto nada raro, si no fuera porque Tupac murió tiroteado en 1996. En realidad, lo que había sobre el escenario era un holograma de Tupac, tan perfecto que parecía la mismísima resurrección del rapero.

Para comprobar la magia de Coachella habrá que esperar hasta la próxima primavera. La zona de acampada va incluida en la entrada. Eso sí, hay que ahorrar unos 240 € -más el viaje a California- para disfrutar del espectáculo. Merece la pena.

Foto | Sputnik mi amor