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El embrujo de Córdoba

Octavio Ortega
22:00h Martes, 22 de enero de 2008
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Córdoba es una ciudad a la que uno tiene que ir sin prisa porque hay que pasearla. Una plaza, una puerta abierta que da a un hermoso patio y entre medias los tiestos con geranios y los balcones repletos de buganvillas. Calles bulliciosas, buenos sitios en los que le ponen a uno “de comer y beber” flores, muchas flores que crecen entre las ruinas del califato. Uno puede pasarse la vida entera dando un paseo por Córdoba, dejándose llevar por su embrujo.

mezquita_de_cordoba.jpgClaro, que uno no puede pasar por alto la Mezquita, un templo con una historia que se remonta a la época romana. Tras la caída del Imperio Romano, los Visigodos, lo reemplazaron con la Iglesia cristiana de San Vicente. Cuando los árabes conquistaron la Península Ibérica a principios del siglo VIII, demolieron la Iglesia y comenzaron a construir la que sería la mezquita más grande de todo el imperio musulmán después de la de la Casba, en Arabia. Pero cuando los cristianos reconquistaron Córdoba en 1236, hicieron con la Mezquita lo mismo que habían hecho en otros lugares de Andalucía previamente conquistados: en vez de destruirla para construir una Iglesia nueva, simplemente reconvirtieron el edificio a la religión cristiana y construyeron un altar en el centro.

La visita obligada a la mezquita termina con la sensación de haber visitado un lugar de “poder”, exhaustos no tenemos más remedio que ir a tomar unas tapas. En Córdoba la tradición obliga a recorrer las tabernas, lugares donde en principio se bebía vino y que tenían siempre un patio interior con pozo que además de decorar servía para refrescar la bebida. En el año 1721 ya había en la ciudad más de 143 tabernas. A finales del siglo pasado se cantaba aquello de:

Córdoba ciudad bravía
que entre antiguas y modernas
tiene trescientas tabernas
y una sola librería
“.

Uno de los mejores sitios de la ciudad responde al nombre de Los Chopos, donde os recomendamos probar las anchoas que hacen ellos mismos y los molletes crujientes. Otro ejemplo típico de Córdoba es la taberna La Sacristía, un local de ambiente taurino repleto de gente la ciudad. De este otro monumento uno no puede salir sin probar el salmorejo y el montadito de pringá. La tercera parada obligatoria hay que hacerla en la taberna Salinas, lugar de culto para autores como Camilo José Cela o Antonio Gala. La tortilla cordobesa es el plato que no puedes dejar de pedir. Esta es, bajo nuestro punto de vista, la trinidad de Córdoba, aunque la particular procesión por la ciudad puede requerir tantas paradas como sea necesario.

alcazares-cristianos-de-cordoba.JPGDespués de haber tapeado por distintos bares, tabernas y restaurantes de Córdoba es necesario dirigirse a ver como anochece desde el Alcázar de los Reyes Cristianos. Ordenado construir por Alfonso XI aunaba las funciones de palacio y de fortaleza. El solar donde se ubica conserva restos romanos e islámicos, ampliándose durante la dinastía de los Trastámara (siglo XIV) para incluir unos baños de inspiración andalusí, jardines y fuentes. Durante la época de los Reyes Católicos se convirtió en sede de la inquisición, pero el gran atractivo del alcázar no es el edificio en sí sino los espléndidos jardines, con distintas albercas escalonadas que forman salones en lo que antiguamente fue una huerta regada por la Noria de la Albofila.

Córdoba es una ciudad que tiene mucho que descubrir al turista, pero lo mejor es que sea él mismo, paseando por sus calles quien vaya descubriendo pequeños rincones mágicos. Es recomendable alojarse aprovechando alguna de las ofertas de hoteles en Córdoba que podemos encontrar en Internet. Y si puede ser que esté cerca o desde cuya habitación podamos tener una vista de la Mezquita iluminada, mejor que mejor.

Foto Mezquita de Córdoba: www.theartwolf.com
Foto: Alcázares de los Reyes Cristianos: Emily Gorman

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