La capital de Estados Unidos es Washington DC, por lo que cabe deducir que esa misma ciudad es, aún hoy, el centro neurálgico más importante del planeta. Sin embargo, los habitantes del DC saben que su ciudad no es ni siquiera la más grande de Estado, honor reservado a su vecina Seattle. Tampoco la más importante, quizás. Puede que desde allí nazca la voz que mueve el mundo, o que se paseen algunas de las corbatas más ilustres del país. Pero ellos saben que la gran masa de peregrinos que viaja cada año al noroeste de Estados Unidos no busca tanto una foto con la impoluta Casa Blanca de fondo, como sentarse en un banco pintarrajeado en la otra ciudad del Estado.
Porque esa hermana mayor, Seattle, late el corazón de una generación entera, la X, a ritmo de rock and roll. Si en el DC gobierna Obama, Seattle cuenta con sus propios líderes, elevados, en un país repúblicano, a la categoría de monarcas del rock: Jimi Hendrix y Kurt Cobain. La ciudad, más que sus museos, sus casas flotantes en el lago Union y su gigantesca aguja espacial, es un monumento al grunge y, antes que eso, el lugar donde nació Jimi, el rockero que tocó la guitarra con los dientes.
Cada año se desplazan allí miles de peregrinos en busca de un trago en los locales donde se fraguó el ‘sonido Seattle’, locales en los que hace poco más de veinte años tronaban grupos como Soundgarden, Pearl Jam, Alice in Chains y, por supuesto, Nirvana. Para ellos queda reservada una ruta por la mítica Comet Tavern, en el 922 de E. Pike, donde sigue sonando música en directo pero la esencia de los noventa nunca se fue. También pueden pasearse por Queen Anne, en busca del Mecca Cafe, y esperar a que el dueño del sello SubPop, el que lanzó a algunas de estos grupos aparezca para tomarse un café.
Y si Seattle es el corazón de los X y del grunge, el corazón de Seattle está en el 109 Eastlake Ave, el mítico Off Ramp o, directamente El Corazón, donde las huellas de tipos como Eddie Vedder o el propio Cobain se mezclan con la música de nuevas bandas en busca de una oportunidad.
Para el final dejamos dos lugares de culto, el trono póstumo de los dos reyes de la ciudad: el Greenwood Memorial Cemetery, lugar en el que está enterrado Hendrix, y el 171 de Lake Washington Boulevard, la casa en la que allá por 1994 Cobain decidió quitarse la vida. Él ya no están, pero el corazón de Seattle se acelera cada vez que suena ‘Smells like teen spirit’.
Foto | Phillie Casablanca Etsy Ketsy

