Para los amantes del psicoanálisis o simplemente para los más curiosos, este museo puede convertirse en un intelectual recorrido que permite a sus visitantes conocer en primera persona algunos de las figuras más extrañas que conservaba Sigmund Freud.
Aquí vivió el padre del psicoanálisis el último año de su vida, concretamente desde el 27 de septiembre de 1938 hasta el 23 de septiembre de 1939. Posteriormente se convirtió en el museo que vemos hoy, permitiendo el acceso al público en julio de 1986. Desde entonces son muchas las visitas que recibe esta casa que fue ocupada también por su hija Anna Freud hasta 1982, año de su muerte.
Sin duda, el mayor reclamo turístico que se puede ver en el museo es el famoso diván donde Freud sentaba a sus pacientes para analizar sus personalidades y extraer conclusiones que para muchos eran simplemente fruto del azar o de combinaciones poco científicas.
Pero existen muchas otras cosas de interés como la biblioteca que alberga muchos de los libros que influyeron a Sigmund Freud o las numerosas esculturas extrañas que coleccionaba, así como las famosas ánforas griegas.
Del mismo modo, tiene mucho interés el boceto que hizo el pintor Salvador Dalí del propio Freud en 1938.
Todo ello se complementa de múltiples fotos de la familia, textos explicativos, bustos de Freud, esfinges o antigüedades de la Antigua Grecia, Roma, Egipto y Oriente.
Por último, el visitante puede dejar su firma y un comentario después de terminar la visita y formar parte así de este pequeño museo, aunque grande en su importancia.