
Lisboa reúne muchos atractivos turísticos por los que merece la pena visitarla, pero además hay que sumarle que es una ciudad que está cerca, es barata y segura. Igual por eso su ocupación hotelera creció un 14,6% en el 2006, según la Organización Mundial del Turismo, y se convirtió en la ciudad europea donde aumentó más el número de visitantes durante el pasado año.
Una de las zonas más bonitas es el barrio de Belém, donde se hallan el impresionante Monasterio de los Jeronimos, la Torre de Belém y Torre de los Descubrimientos. Es imprescindible probar los tradicionales y deliciosos pastéis de nata de la pastelería Pastéis de Belém. Desde 1837, elaboran el dulce típico portugués, unas pequeñas tartas de hojaldre, crema y canela. Buenísimas…
En el centro de la capital portuguesa también hay que recorrer la Plaza del Comercio, la del Rossio, la Rua Augusta, ver el Elevador de Santa Justa, las calles estrechas del Alfama y subir hasta el Castelo San Jorge desde donde se contempla toda la ciudad.
El barrio de Chiado, que actualmente congrega las tiendas de los diseñadores portugueses, es el preferido de los artistas desde el siglo XIX. Allí se encuentra la mítica cafetería Brasileira, donde solía acudir, entre otros, el famoso poeta portugués Fernando Pessoa.
Por la noche, la zona más concurrida por los jóvenes es el Bairro Alto, lleno de bares, restaurantes y tiendas modernas que abren cuando se ha puesto el sol. En él también se puede escuchar “fado” los lunes y los miércoles en “A Tasca do Chico” (Rua Diário de Notícias, 39).
Para moverse por la ciudad se puede usar el metro que, aunque sólo cuente con cuatro líneas, conecta buena parte de la ciudad. Pero, sin duda, la opción más tradicional es el tranvía que recorre desde las calles más empinadas y antiguas a las más modernas avenidas.
Para entrar a Lisboa en coche se tiene que cruzar el río Tajo. Una opción es pasar por el imponente puente 25 de abril, de 2 kilómetros y construido en acero, cuyo nombre conmemora la revolución de los claveles del 25 de abril de 1974. La otra es el largo puente Vasco da Gama (de 11 kilómetros), al norte del Parque de las Naciones construido con motivo de la Exposición Universal de 1998.
Fotos: Albert González