Lima, dos semanas santas en una
Lima, la capital del Perú, fue durante mucho tiempo el centro del poder político español en América del Sur. En aquellos años se importaron costumbres, alimentos y sobre todo la religión Católica. El resultado de aquella presencia religiosa española es el tremendo fervor católico que la población limeña mantiene durante siglos.

La devoción al catolicismo limeño encuentra una de sus mayores expresiones durante la celebración de la Semana Santa y durante la procesión del Señor de los Milagros.
Como todo limeño, yo he vivido con singular expectativa esa semana. Pero cabe hacer una diferencia antes de proseguir con la descripción de mi semana santa. Lima, una ciudad tradicionalmente religiosa, en los últimos años ha sufrido el embate de la modernidad y de un progresivo alejamiento de la religión. Muchos católicos al definirse hacen la diferencia de llamarse “católicos no practicantes”. Esto significa que son católicos bautizados, pero no viven la religión.
Entonces, si tenemos dos tipos de limeños católicos, también existen dos tipos de celebraciones de la semana santa. La semana de recogimiento y adoración a Jesús por un lado y por otro la semana de diversión, baile y playa de aquellos que aprovechan los días feriados para divertirse sin pensar en la religión.
Es importante la aclaración de los dos tipos de semana santa que celebramos en Lima. Obviamente los ateos y los no cristianos disfrutan de los días de semana santa como días libres para vacacionar, así que se les puede incluir en el grupo de los católicos no practicantes. Pero la mayoría de la población limeña es católica, practicante o no.
En mi caso pertenezco a las familias tradicionales católicas. Por ello mis semanas santas empiezan los domingos de ramos cuando todos buscamos comprar los ramos más bonitos para la misa. Luego el lunes y el martes son días de un moderado recogimiento mientras se espera la llegada del miércoles de ceniza.
Los miércoles, llamados de ceniza, tenemos la tradicional misa a la que asistimos con toda la familia y en la cual solemos ser marcados en la frente con la ceniza que, simbólicamente, los sacerdotes untan en todos los feligreses asistentes a la misa. Esta misa la pasamos usualmente en la parroquia más cercana ya que somos parte de la diócesis de mi distrito.
También, es importante señalar, solemos escuchar música clásica en mi casa para esos días. Nada de música popular alegre debido a que estamos en recogimiento por la pasión y muerte de Jesús. Los jueves vamos a participar de la misa en la que el párraco nos explica el significado de las siete palabras de Cristo en el Gólgota y hay bastante expectativa por saber si uno es designado para ser uno de los doce fieles que participarán del lavado de pies de la misa del gallo.
El jueves santo es definitivamente el día más interesante de la semana santa ya que, antes de asistir a la misa del gallo, la mayoría de los limeños hacemos el tradicional paseo de las siete estaciones. Se recorren los siete templos más importante de Lima: La Catedral de Lima, San Francisco, Santo Domingo, Santa Rosa, San Pedro, Las Nazarenas y La Merced. Todas las iglesias quedan muy cerca debido a que Lima cuenta con un templo católico cada 5 cuadras.
Respecto a los templos católicos de Lima mi favorito de siempre es San Francisco por sus catacumbas y su patio de palomas. Un lugar con tantos gratos recuerdos de mi niñez y mi adolescencia. Recorrer las calles de Lima, mientras se hacen las 7 estaciones que recuerdan las siete veces que se cayó Jesús cuando realizó su calvario de cargar la cruz, es una experiencia inolvidable tanto por la belleza de la noche limeña como por el tremendo recuerdo del dolor de Jesús.
Luego tenemos el día viernes con su adoración del santísimo en el templo de nuestra elección. Oportunidad para visitar otros templos no visitados durante el recorrido de las siete estaciones como La Recoleta, San Marcelo o San Agustín. También se pueden visitar templos de distritos cercanos como el Templo de los Descalzos en el barrio del Rímac.
Los sábado son igualmente espectaculares por ser el día de Gloria. Todos celebramos entonces la resurrección de Jesús y compartimos grandes momentos degustando la mazomarra morada limeña, el suspiro limeño o un buen turrón de preferencia adquirido en los locales comerciales de la Avenida Tacna.
El domingo se vuelve a asistir a misa y se dedica el día a reflexionar sobre las enseñanzas que nos dejó la semana santa. Generalmente es un buen día para comer un rico cebiche, plato de bandera de nuestra ciudad.
Pero he relatado la celebración de la Semana Santa para los católicos practicantes. Sin embargo hay otra celebración paralela que se puede disfrutar en la misma ciudad. En esos días, para la mirada atenta, Lima se convierte en escenario de confluencia de dos dimensiones distintas de celebración que se superponen pero no se tocan. Me refiero, claro está, a la semana santa de bailes, campamentos y mucha diversión.
Cuando era un adolescente miraba con recelo ese tipo de celebraciones. Tenía tantos prejuicios que consideraba que aquellos que salían a acampar a las playas de Lima eran unos irrespetuosos. Pero como es inevitable cruzarse con los amigos católicos no practicantes en esa fecha, todos conocemos la diversión de aquellos que se toman la semana santa como unos días de merecidas vacaciones.
Al respecto tengo a mi amigo Marco, quién muchas veces se cruzó conmigo en las calles de Lima durante la semana santa. Generalmente los jueves yo estaba acompañado de mi familia realizando el paseo de las siete estaciones mientras que él buscaba el bar más cercano para seguir la fiesta. En ese aspecto Lima cuenta con gran cantidad de peñas, bares y resturantes típicos en los que el Pisco Sour es obligatorio para empezar la noche.

Si uno no desea ir al centro de la ciudad para encontrar discotecas o peñas donde divertirse, se puede ir a Barranco. Desde la década de los ochenta del siglo pasado este bello y bohemio distrito junto al mar, se ha caracterizado por concentrar las mejores peñas y lugares para divertirse de la capital. La arquitectura del distrito así como la generosa de su oferta de diversión han convertido a este barrio en un clásico de la noche limeña. En estos casos es obligatorio empezar la noche con un emparedado en el Bar Juanito, lugar de reunión de muchos universitarios, músicos y poetas que impacta por su sencillez y calor humano.
Luego uno puede elegir cualquiera de los lugares que abundan en la oferta de diversión. Entre ellos destaca “La noche”, centro de reuniones del cantante español Joaquín Sabina cuando visita Lima. También, en estas peñas, uno puede cruzarse con una figura de la televisión peruana en el momento que menos esperado. Recuerdo, particularmente, una noche que terminé recorriendo los bares en el auto de una conocida animadora de la televisión local acompañado de otros simpáticos y desconocidos parroquianos. Todos compartíamos el gusto de habernos conocido ese mismo día y la certeza de no volver a vernos al día siguiente.
Ahora, los que prefieren alejarse de la multitud de la ciudad tienen la oferta de las playas limeñas. Muchos acampan en las playas de la ciudad o en aquellas ubicadas en las afueras al sur de la ciudad. Son memorables las fiestas que se organizan en las carpas playeras de semana santa. Tanto se ha arraigado esta costumbre que la policía de la ciudad recorre las playas en la noche para socorrer a aquellos que se hayan sobrepasado con las bebidas alcohólicas.
En los casos de campamento playero por semana santa, la playa clásica es León Dormido. Célebre por su formación rocosa que recuerda a un León recostado y durmiendo.
Lima, como habrá notado querido lector, cuenta con el inmenso atractivo de vivir dos semanas santas en una. Depende del turista elegir el tipo de vivencia que opta para esos días. Igualmente podría vivir ambas semanas santas tomando lo mejor de cada una de ellas. ¿Quién no tomaría esta ventaja?

En argentina pasa lo mismo en semana santa,claro que cada vez es más difÃcil que los jóvenes vivan la verdadera Semana Santa.En realidad van a los oficios religiosos y luego salen con sus amigos.