Fútbol en Roma: “unico grande amore”

De Roma se ha escrito todo. Pruebe, como ejemplo, a introducir las cuatro letras del anagrama de amor -el detalle es tremendamente cursi pero los recién casados españoles se deshacen con detalles como este cuando viajan allí- en el buscador de este blog. Podrían pasarse la próxima semana leyendo al respecto. Háganlo, si lo desean, pero no piensen que ya lo saben todo de la ciudad. Roma es imposible de aprender. La ciudad, signo de decadencia de un mundo que perece, disparatada, romántica, absurda, maravillosa, solo admite la rendición del visitante. Si alguna noche veraniega deambula medio perdidos por las callejuelas de la ciudad, sin rumbo fijo y quizás en un estado de controlada embriaguez, y de repente se descubre temblando en una placita ante la Fontana di Trevi, comprenderá lo que le digo.

Interior del Stadio Olimpico en un partido de la A.S. Roma.

Hay muchos lugares donde uno se puede parar a escuchar los latidos de esta ciudad. Uno de ellos, perdonen la osadía, es su estadio de fútbol. Un paseo dominical por los alrededores del Stadio Olimpico culminado con el espectáculo que allí dentro tiene lugar, ayuda no a comprender (quedamos en que esto es imposible), sí a quedarse prendado de Roma (pronúnciese ahora en italiano, con una ‘r’ débil). El Stadio Olimpico se encuentra en el interior del Foro Itálico, la plasmación de la megalomanía de Mussolini, que quiso reconstruir el imperio a principios del siglo pasado.

El foro nada tiene que ver con aquella ciudad eterna y mucho con la absurda mentalidad fascista. Ahí encontramos, por ejemplo, un monolito gigante, presidiendo el foro, en honor a quien gustaba denominarse ‘duce’. Al final del foro está el Stadio Olimpico, construido entre 1928 y 1937, y que en un principio se llamó Stadio dei Cipressi. Ha sido remodelado en varias ocasiones, como cuando se convirtió en sede de los Juegos Olímpicos de 1960, o para albergar la final del Mundial de Fútbol de 1990. Hoy es uno de los recintos más impresionantes del planeta fútbol, propicio para grandes finales y habitual templo de peregrinación, pero sobre todo, hogar de dos de los equipos de más antagónicos del mundo: el S.S. Lazio y el A.S. Roma.

Por eso, si usted tiene pensado comprar un solo tique en su vida para acudir a ver un partido a Roma, revise el calendario de la liga italiana y señale en rojo el día del derbi. Si tiene suerte, ese día se verá un partido de fútbol absolutamente nefasto, un juego encriptado para los espectadores, que transcurre entre patadas, gritos, insultos y frecuentes tanganas. Si tiene mucha fortuna, el partido acabará sin incidentes en las gradas. Pase lo que pase y sin saber muy bien por qué, saldrá del Olimpico con la sensación de haber asistido a una cita memorable.

Lazio y Roma basan su enemistad en los inicios de ambos equipos. Aunque la historia dice que en sus inicios no fue así, lo cierto es que con el tiempo la afición celeste del Lazio se ha ido identificando con valores filofascistas. Al contrario con los aficionados giallorossi del Roma, a quienes se les considera filocomunistas. En Italia, a cada afición se la encasilla dentro de un sesgo ideológico y eso suele ser motivo para incrementar el odio entre equipos rivales. En Roma es así.

Los romanistas, eso sí, tienen un punto de ventaja a su favor. El himno. Su viaje al corazón futbolístico de Italia no será redondo si no está cerca de la Curva Sur, cuando al principio de cada encuentro, los aficionados levantan sus bufandas y cantan aquello de “Roma, Roma, Roma, core de ‘sta città, unico grande amore…”.

Algunos consejos antes de plantearse el viaje: El calcio (fútbol en italiano) no es excesivamente caro en el país transalpino. Normalmente es más barato que en España, pero el Stadio Olimpico tiene precios elevados. Si quiere una guía para visitar la ciudad, no se le ocurra entrar en ninguna tienda para turistas. Lleve consigo ‘Historias de Roma’, de Enric González, y la experiencia será doblemente grata. Si además quiere intentar llegar allí con un poquito de calcio aprendido de casa, cómprese también ‘Historias del calcio’, del mismo autor. Le fascinará.

Ahora bien, olvídese de volver de Roma pensando que la ha llegado a conocer.

Foto | currybet

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