Florencia, la cuna del Renacimiento

Cuando uno se da una vuelta por Roma, tiene la impresión de andar a través de la historia. Florencia, sin embargo, es la ciudad del Renacimiento y una parada imprescindible para todo el que visite la Toscana. Tan romántica desde aquella película de cuyo título prefiero ahora no acordarme. Florencia conserva la arquitectura de esa ciudad que se convirtió en el espejo en el que se miraban todas las civilizaciones occidentales a partir de la Edad Media. Dotada de un patrimonio artístico envidiable, es una de esas ciudades que uno tiene que ver antes de morir.
La catedral de Florencia, consagrada a Santa María del Fiore se encuentra en pleno casco antiguo de la ciudad. Es quizá el edificio más impresionante de la ciudad, fue diseñada por Brunelleschi. En el interior podemos encontrarnos unos frescos de Giorgio Vasari que representan el juicio final. El suelo está recubierto de mármol de colores que forma un laberinto de formas y texturas. Excepto la cúpula y los tejados de cerámicas naranjas, las paredes del templo están recubiertas de mármol toscano blanco, verde y rosa, formando dibujos nerviosos y mágicos. Justo delante de la catedral nos encontramos el baptisterio, lugar donde se bautizan los bebés. El gran atractivo del baptisterio es la puerta Este, con paneles donde Ghiberti talló unos bajorrelieves en la madera y más tarde recubrió con papel de oro.
Otro de los monumentos, por citar dos de forma un poco extensa en este breve artículo que no debes perderte es la basílica de la Santa Croce. Si levantas la cabeza a medida que dejas atrás la basílica de la Santa Cruz posiblemente tengas un ataque de pánico llamado stendhalismo. La existencia de este mortal virus se remonta a principios del siglo XIX, cuando el escritor francés fue víctima de un terrible choque cultural producido por su visita al edificio. Hay una gran cantidad de motivos geométricos que decoran la fachada de mármol. Descansan en su interior personajes de la talla de Galileo Galilei, Maquiavelo o Miguel Ángel.
El Bargello es una fortaleza de los siglos XIII y XIV que alberga el museo nacional, que posee colecciones de terracotas esmaltadas de la familia Robbia y esculturas de Donatello. La piazza della Signoria, en la que se encuentra la fuente de Neptuno (1576), está dominada por el majestuoso palazzo Vecchio o palazzo della Signoria, una elegante edificación coronada por un campanario almenado de 94 metros. Este palacio, construido entre 1299 y 1314, se convirtió en sede del ayuntamiento en 1550 y, más tarde, desde 1865 hasta 1871 fue el lugar de reunión de la Cámara de Diputados italiana. Entre el palazzo Vecchio y el río Arno se encuentra el palazzo degli Uffizi, construido a finales del siglo XVI con el fin de albergar las oficinas del gobierno y los tribunales. Es célebre por su galería de arte, la de los Uffizi, una de las más hermosas de Europa, que contiene una insuperable colección de obras de los mejores pintores de Italia y una rica selección de obras de maestros flamencos y franceses. Otras grandes obras que hay que admirar en la ciudad son el ponte Vecchio, los enormes jardines de Boboli y la Universidad de Florencia.
Es relativamente sencillo encontrar un hotel en Florencia, al fin y al cabo es una ciudad muy turística. Nosotros nos hemos decantado por recomendaros el Hotel Gabriele D’Annunzio, que anteriormente fue un monasterio. Está situado a diez minutos del centro de la ciudad, al pie de la colina de Fiesole y está decorado con auténticas obras de arte.
Foto Plano de Florencia: http://fi.infn.it
Foto Santa Croce: http://euronet.nl
