
Pocos saben que la isla de El Hierro, en las Islas Canarias, fue, hasta que en 1883 se creó el meridiano de Greenwich, la isla del fin del mundo en el meridiano cero, ni que surgió del plegamiento de una falla hace ya millones de años.
Tiene apenas 7.000 habitantes, pero la isla es la más bravía de todas las islas canarias, pues aunque es de temperaturas suaves, sus costas se caracterizan por sus altos acantilados y está llena de cráteres, hasta el punto que es la isla con una mayor densidad volcánica por metro cuadrado. Y para observar esta fiereza, esta costa abrupta, nada mejor que acercarnos al mirador de la Peña, diseñado por César Manrique, desde donde podremos observar como surge ante nuestros ojos todo el Valle del Golfo. Pero tamibén podemos hacerlo desde el mirador de Isora desde donde veremos el roque de la Bonanza.
Nuestro recorrido por la pequeña isla nos llevará hasta su capital, Valverde, allí en las alturas, levantada sobre el paisaje del Sabinar. Desde su vistosa plaza Mayor, en la que destaca la Iglesia de la Concepción, veremos el Atlántico azotando los acantilados, mientras sentimos el fuerte y constante viento canario. La arquitectura tradicional de la isla son las casas de piedra volcánica y techado de colmo (una especie de paja hecha con cereales). Son viviendas que le dan un aspecto negruzco, que destacan por sus pequeños huertos…
Pero este tipo de arquitectura tradicional ya sólo podemos disfrutarla en el Ecomuseo de Guinea, situado en el poblado de Las Puntas, donde se reconstruye la forma de vida de El Hierro hace ya muchísimos años. Hoy aquellos poblados se han sustituido por un paisaje de casas blancas salpicadas en la montaña, encaladas y de techos naranjas. Muy cerca, no podemos dejar de visitar y disfrutar de la tranquilidad que se respira en Punta Grande, donde podemos calentarnos al sol mientras leemos un libro mirando el lento vaivén de las olas. No es que haya playas buenas, porque además son peligrosas, pero si que ofrecen una vista sin igual, de un mar profundo y azul.
Frontera es el otro poblado que rivaliza en la isla con Valverde, la capital, y, desde allí, camino al Faro de Orchilla, habremos de pasar cerca del que es el Santuario de la patrona de la isla, Nuestra Señora de los Reyes, una pequeña ermita en la que los isleños rinden fervor popular a su virgen en la fiesta de “La Bajada”, en la que se recorre la isla entre tambores y músicas variadas.
Por último, en el extremos sur de la isla, casi en el final de la isla, perdida en medio de la inmensidad del mar, está La Restingá, un puerto marinero con muchas tascas y barecillos en las que disfrutar de la gastronomía de la isla, rica en pescados, quesos, vinos e higos.
El Hierro, paraíso de submarinistas, isla bravía, quietud y relax para nuestro quehacer diario… lugar recóndito, pero acogedor…