
Si un ingles decide pasar sus vacaciones o una parte de ellas en su propio país, es más que probable que elija como destino la ciudad costera de Brighton. Situada al sur de las islas británicas, como a sus faldas, esta luminosa y bulliciosa ciudad ofrece buena parte de lo que el típico turista inglés busca en destinos como Benidorm, Mallorca o Barcelona: playa, discotecas, diversión…
Si bien es cierto que el tiempo de Brighton no es tan bondadoso como el de las costas levantina o andaluza, ni su comida es comparable con nuestra sabrosa y saludable dieta mediterránea, no es menos verdad que se trata de una ciudad en la que se puede vivir bien, comer aceptablemente por un precio relativamente asequible y salir de fiesta hasta tan tarde (o temprano) como en España.
Londres, a tiro de piedra
Situada a unos 100 kilómetros de Londres, su visitante o habitante tienen a tiro de piedra a la atractiva capital europea. Su envidiable situación ya convirtió a la ciudad en el destino turístico y festivo preferido de los ingleses durante el siglo XVIII. Durante la segunda parte del siglo XX, su población creció de forma exponencial, hasta alcanzar su actual cuarto de millón de habitantes. La carestía de la vivienda en Londres también ha convertido a Brighton en una ciudad dormitorio: mucha gente trabaja en la capital, y duerme entre semana y disfruta de los sábados y domingos en la ciudad costera.

Su ambiente playero y su tiempo relativamente bondadoso le han otorgado a Brighton el apelativo de la “Londres de la costa”. Sus playas de piedra están ribeteadas por cientos de bares, clubs, restaurantes y discotecas que nunca parecen cerrar.
En este aparentemente eterno ambiente festivo también se localiza una de las escenas gay y lesbica más importantes del Reino Unido. Muchas terrazas y balcones aparecen adornadas por la ya celebre e inconfundible bandera multicolor o del arcoiris. No en vano, Brighton cuenta con su propia fiesta del orgullo homosexual, que llena sus calles durante unos días cada cada verano.
Y si no te va ni la fiesta, ni los bares, ni las discotecas, ni el bullicio, ni el orgullo homosexual, siempre tienes una opción más tranquila y tradicional a las afueras de la ciudad: la campiña inglesa. Disfrutando de una cerveza ante su inmensidad verde y húmeda, se te olvidará la frenética (e insoportable para algunos) vida playera de Brighton.
Foto 1: http://www.tashian.com/
Foto 2: Andreu Jerez