Macchu Picchu lugar de excelencia del turismo peruano es ahora fuente de controversia por los constantes reclamos del Estado peruano por la riqueza robada por el “descubridor” Hiram Bingham. Importantes casas de estudios peruanos ponen a disposición de los visitantes documentos de siglos pasados que dan testimonio del conocimiento de Macchu Picchu desde mucho antes que Hiram Bingham anunciara sus ilustre descubrimiento. Estamos frente a una situación en la que se está revisando la historia tal y como la conocemos. Así que si queremos visitar países ¿por qué limitarnos a las playas y demás lugares de diversión que son los clásicos de todos los viajes? Probemos con viajes de conocimiento y nada mejor que un viaje para descubrir un fraude universal.

El Mito:
El mito dice que Hiram Bingham descubrió Macchu Picchu a comienzos del siglo XX. Una ciudad perdida de los Incas que salió a luz intacta y con toda su majestuosidad a los ojos del mundo. Muchos en el mundo quedaron prendidos de la historia romántica del cazador de ciudades perdidas. Sin embargo, la realidad es otra. Importante arqueólogos peruanos como Luis Lumbreras cuentan hoy la historia real de lo que ocurrió con Macchu Picchu.
Para empezar, afirma Lumbreras, la ciudadela Inca era conocida desde siempre. En muchos mapas antiguos del Perú se describe su ubicación. Incluso fueron varias las familias de hacendados peruanos que tenían parte de las riquezas del legendario santuario del Inca. Además se sabe que algunos viajeros que llegaban a la zona pedían excursiones a los guías de la zona para conocer la ciudad Inca de Macchu Picchu. Pero si hay tantos datos innegables acerca de la ubicación de Macchu Picchu y muchos en el Perú sabían de su existencia. ¿Cómo pudo Hiram Bingham contarle al mundo que él la descubrió?
El origen del Mito Bingham
Hiram Bingham llegó al Perú a comienzos del siglo pasado para hacer una investigación sobre el libertador Simón Bolívar. En sus pesquisas sobre el itinerario y las acciones que llevó a cabo Bolívar en el Perú, le ofrecieron un viaje a la sierra sur del Perú. Allí se quedó maravillado de la cantidad de restos antiguos que se intercambiaban entre los pobladores de la sierra y selva peruana. Muchas familias tenían entre sus recuerdos familiares artesanías y otras reliquias de la época de los incas o incluso anteriores. Sin embargo, esto que era bien conocido en el Perú, fuera del país no lo conocía nadie. Eran tiempos en los que la globalización no había llegado y una parte del mundo podía ignorar plenamente lo que hacían en otro continente. Con este terreno apropiado para inventar historias lo de Bingham era fácil de predecir.
Con gran esmero el aventurero de los Estados Unidos empezó a comprar colecciones de las familias importantes. Luego se aseguró de filtrar a la prensa su visita al descuidado balneario que se ocultaba en una zona lejana del Cuzco. La temeridad de Bingham por llegar a un lugar de geografía difícil y para el que no habían caminos conocidos lo recompensó grandemente. Una vez llegado a la imponente ciudadela Inca procedió a limpiarla de la invasión de plantas que la habían invadido durante cientos de años. Luego como todo explorador hábil se tomó varias fotografías en el lugar y con aquellos cerámicos y demás objetos antiguos que pudo comprar se dirigió a Yale para vender su increíble historia del encuentro de una ciudad perdida.
Yale y su increíble colección de 46,332 objetos incas
Otro de los escándolos que permitió poner en el ojo de la tormenta el pasado mítico de Hiram Bingham fue el reclamo peruano hecho a la Universidad de Yale por los 46,332 objetos incas que mantiene en su colección producto de las expediciones de Hiram Bingham. Actualmente esta colección puesto que el Estado peruano desea le devuelvan la colección que considera parte de su patrimonio. Las razones que esgrime Yale para no devolver las piezas al Perú son principalmente basadas en el peligro que sufriría la colección en manos inadecuadas. Debido a esto arguyen que la colección inca estará más segura en sus instalaciones que regresando al Perú.
Bingham era profesor de la Universidad de Princeton cuando inició la expedición al Perú. Su vida fue en extremo variopinta. Además de viajero incansable, profesor de universidad y militar llegó a senador para el gobierno de Estados Unidos. Su desempeño en ese cargo político fue promedio, pero alcanza para darnos una idea del gran manejo político que tenía el famoso aventurero.
Los lugares que guardan las revelaciones
Son muchas las bibliotecas privadas de coleccionistas que contienen la información sobre la ciudadela inca antes de su “descubrimiento” por parte de Bingham. Igualmente la Biblioteca Nacional del Peru, así como las bibliotecas de sus más importantes universidades ofrecen documentos que cualquier interesado puede consultar. Viajar para descubrir algunas verdades de las grandes noticias del siglo XX produce una satisfacción distinta a pasarse las vacaciones bailando. Se trata de un goce intelectual así como una mejora en el conocimiento, lo que nos hace más seguros y sabios. También el hecho de seguir pistas y encontrar datos ignorados tiene el encanto de la labor de un detective. Una aventura intelectual.
Los placeres del café peruano en los mejores restaurantes de la ciudad, la comida tradicional como el cebiche, la papa a la huancaína, los anticuchos y los picarones son también un beneficio extra que uno puede tomar al viajar al Perú en búsqueda misterios ancestrales.
Los motivos del silencio:
Es conocido el interés que tuvieron los políticos de la segunda década del siglo XX por no desmentir el mito que estaba creando Bingham. Conocedores de la gran publicidad que le harían al “descubrimiento” de Macchu Picchu las instituciones que habían financiado la expedición. Los principales políticos no elevaron su protesta frente a la mentira. Prefirieron que Bingham y las instituciones que lo respaldaban hicieran público el acontecimiento y colocaran al Perú y el Cuzco como destino ideal de viajes turísticos. Una decisión maquiavélica, pero que puso a Macchu Picchu a los ojos del mundo.
Dicho todo esto ¿No se anima a hacer un viaje distinto de turismo?
Fotos:
Si planteamos la misma cuestión para otros muchos destinos nos vemos en la evidencia del negocio por encima de todo (siempre está el patrocinador, o casi siempre). Nos quitaría la ilusión del azar, espero que solo sea una excepción.
Estoy contigo en el tema de mover un poco las neuronas y no precisamente bailando y tomando el sol.
Para mí Macchu Picchu es todo un mito en sí mismo, aunque el “descubridor” se cubriera de gloria más importante es la ciudad y su entorno: todo un logro de los pueblos incas.